El último sábado a la noche, sin embargo, el cadáver del empresario terminó arribando a la Argentina. Lo hizo en la bodega de un avión de Aerolíneas Argentinas que llegó desde Miami con 243 repatriados que habían quedado varados en Estados Unidos en medio de la pandemia, en un servicio habilitado por Cancillería.
Según afirmaron fuentes del ministerio de Salud, el féretro que transportaba el cuerpo de Masri estaba herméticamente sellado, por lo que descartan cualquier posible propagación del virus. Sin embargo, no había sido declarado: al verificar la documentación, las autoridades descubrieron que sólo se había adjuntado un certificado parcial que hablaba de una "muerte natural".
La reglamentación interna de la línea aérea prohíbe el traslado de cuerpos sospechosos de haber tenido tener una enfermedad infectocontagiosa de cualquier tipo.
En medio de la polémica, un familiar del empresario fallecido se presentó en la terminal aérea pidiendo retirar el cadáver embalsamado, pero se lo negaron y el féretro quedó aislado.
Horas después, el ministerio de Salud realizó una denuncia penal en los tribunales federales de Lomas de Zamora para determinar cómo fue que el cadáver ingresó al país.
Se busca a los responsables bajo la figura del artículo 202 del Código Penal, que castiga con prisión de hasta 15 años de cárcel al que propague una "enfermedad peligrosa y contagiosa para las personas”.
En paralelo, Aerolíneas Argentinas decidió abrir una investigación interna pidiendo “informes para saber si pudo haber habido alguna negligencia por parte de empleados del área de carga de Miami”. Autoridades de la compañía se presentarían este miércolesante la Justicia para dar su versión de los hechos.