En la pre-era M (octubre de 2015) se terminaba el kirchnerismo y aquel lema había sido "Tiempo de acordar y hacer". Pretendían que Scioli encarara un fuerte gobierno de concertación después del clima de confrontación permanente que había instalado el kirchnerismo. Nadie pensaba entonces que Macri daría el batacazo. El entusiasmo fue mayor.
En 2016 todo era esperanza. Por fin había un gobierno que los empresarios consideraban propio. Pero claro, las transformaciones costarían y no serían fáciles. Por eso, aquel año en el coloquio se propuso como lema "Puentes hacia el futuro”. Se suponía que Macri y su gobierno serían ese puente en un año económico duro. No sabían lo que vendría después.
"TransformarNOS" fue el lema en 2017. Había una esperanza que crecía. Cambiemos había ganado las PASO y la transformación del país parecía evidente. En 2018 esa esperanza se derrumbó.
Después de la victoria de Cambiemos, en las legislativas de 2017, los empresarios creían que las transformaciones ya llegarían. No llegaron; apenas el gobierno intentó cambiar un poco la fórmula jubilatoria, se recrudeció la protesta social. Cambiemos –y Macri particularmente- dejó de ser una herramienta para impulsar los cambios que en ese foro se consideraban necesarios.
Por eso, el lema de 2018 apunto a la transformación individual y al “granito de arena” que cada uno de ellos podía aportar. "Cambio cultural: soy yo, es ahora". No era la política, ni el Estado, ni Cambiemos, ni Macri, ni ningún opositor porque no había alternativas: "Era yo".
Ese “soy yo” derivó en un “sálvese quien pueda”. Y la Argentina terminó en la peor crisis económica y política desde 2001. Tras el resultado de las PASO, los empresarios observan (¿perplejos?) la posible vuelta de un peronismo (¿kirchnerismo?) al que veían enterrado. Escuchan las promesas de que ese nuevo gobierno va a ser distinto y le reclaman “A los hechos”; escuchan mientras las promesas de Macri que dice que ahora va a ser distinto y le dicen “A los hechos”.
Piden –especialmente a la política- que vaya a “los hechos”; porque está visto que en la Argentina a las palabras se las lleva el viento.