Por Mariano Maisterrena (*)

La convocatoria seleccionará hasta 10 startups Web3 de la región que puedan aportar valor al ecosistema de LaChain, la blockchain creada por latinos para latinos. (Foto Archivo)
Por Mariano Maisterrena (*)
Cada vez se habla más de la Web3, pero realmente poca gente entiende de qué se trata. En pocas palabras, es una iteración futura de Internet, que se centra en la propiedad del contenido, la descentralización, la privacidad y la resistencia a la censura.
Estamos hablando de una iteración futura, por lo que la Web3 no es un producto tangible que podamos comprar o una aplicación que podamos descargar. Es, simplemente, una serie de ideas y experimentos sobre la nueva forma en que usaremos Internet y cómo se compondrá en los próximos años.
Sin embargo, este puente al futuro tiene pilares conceptuales sólidos que vale la pena analizar para anticipar lo que viene, tanto para los usuarios como para las empresas y los negocios.
La propiedad es el concepto principal y más importante en todo el ecosistema Web3. En este nuevo marco, somos dueños totales de nuestros datos, de nuestro contenido e, incluso, de nuestra identidad en la Web.
De hecho, podremos licenciar fotos/videos/canciones sin la necesidad de ningún tercero o intermediario que se lleve una parte de nuestros ingresos. La mayoría de los sitios web actuales, como YouTube, autorizan el contenido que cargamos en su sitio web y está dentro de su discreción darnos solo una parte de las regalías generadas a partir de los ingresos adicionales.
En la Web3 no existiría YouTube: podríamos licenciar nuestro contenido directamente a los usuarios sin que nadie nos detenga o cierre nuestra cuenta.
Definitivamente, la descentralización es otro tema clave. En la Web3, este término se refiere a la capacidad de Internet para permanecer abierta y sin permisos.
Hoy en día, la mayor parte del contenido que tenemos en la web está alojado en enormes servidores, propiedad de empresas de tecnología con el poder total de controlar la información almacenada en sus bases de datos. Ejemplos de eso son servicios como Amazon Web Services, Microsoft Azure, Google Cloud, etc. Así es como se ve la centralización.
En cualquier momento, esos gigantes tecnológicos podrían eliminar contenido de sus plataformas o dejar de brindar servicios a cualquier persona por cualquier motivo. Por eso, la descentralización en Web3 propone un sistema abierto de bases de datos que cada usuario puede aportar para almacenar información en redes distribuidas en lugar de un servidor central. Este es el caso de uso de la cadena de bloques o blockchain.
Actualmente, la privacidad se trata como un lujo más que como un derecho. Cuando nos conectamos a sitios web, permitimos almacenar todo tipo de datos sobre nuestros perfiles. Luego, usan esa información para publicar anuncios específicos relacionados con nuestro historial de búsqueda anterior y nuestro perfil de consumidor.
En contrapartida, la Web3 es privada por su propia naturaleza. En ella, las interacciones dentro de las plataformas son completamente anónimas y privadas. Los usuarios no tienen un perfil personalizado como lo tendrían en cualquier sitio web actual. En cambio, se conectan y se autentican mediante el uso de sus billeteras digitales.
En otras palabras, las plataformas de redes sociales en la Web3 no están administradas por una entidad centralizada y, por eso, se conocen como aplicaciones descentralizadas.
Además, la Web3 no es vulnerable a la censura porque opera sobre la base de la descentralización. La información dentro de las plataformas Web3 no puede ser manipulada ni ocultada porque no existe una parte centralizada a cargo de tomar esas decisiones.
Por lo tanto, con base en lo anterior, se pueden imaginar sistemas bancarios en los que las cuentas de los usuarios no se puedan bloquear o congelar. Incluso, es posible pensar en una casa de cambio de criptomonedas que siempre esté disponible y no se pueda cerrar.
Indudablemente, vamos hacia un camino en donde la descentralización del contenido pone en jaque a muchos de los gigantes tecnológicos de hoy en día, que subsisten de la creación de contenido de los usuarios en sus plataformas.
Por ejemplo, TikTok utiliza los videos creados por los usuarios de la plataforma para generar contenido y vender publicidad, pero solo distribuye una pequeña parte en retorno a los creadores de contenido. En una web en la que los usuarios tienen la posibilidad de quedarse con el 100% de las ganancias por los contenidos que generan, el modelo de negocios de TikTok quedaría frustrado.
Otro ejemplo para ver cómo la Web3 va a impactar en la vida de las personas es Fornite. En este videojuego, los jugadores compran -utilizando dinero real- muchos “skins” o avatares. Sin embargo, a pesar de haberlos comprado con dinero real, esos bienes digitales no son propiedad del jugador: en cualquier momento, Fornite puede decidir cerrar la cuenta del jugador y quedarse con todos los avatares.
En el futuro de la Web3, los jugadores podrán ser dueños de los avatares utilizando los NFT (Token No Fungibles). Éstos, junto a la blockchain, les permitirán a los usuarios total control sobre los elementos, dándoles la posibilidad de revenderlos, cambiarlos, etc.
Muchos modelos de negocio dejaron de tener sentido cuando la primera Internet de páginas estáticas se transformó en la Web2 con la llegada de las redes sociales. Como consecuencia, muchas compañías quebraron.
Ahora, ante el nuevo paradigma que plantea la Web3, las empresas necesitan buscar una forma de adaptarse o corren el riesgo de extinguirse. Es posible que muchas de las estructuras corporativas que hoy existen sean incompatibles con los ideales de la Web3 y, por lo tanto, no puedan adecuar su manera de operar.
En este punto, justamente, nacen las DAO (Decentralized Autonomous Organizations): organizaciones autónomas descentralizadas cuya estructura jerárquica vive en la blockchain y en donde las decisiones administrativas se toman en forma colectiva.
Una DAO puede ser con o sin fines de lucro y permite nuevos modelos de negocios. En el futuro podemos imaginarnos una DAO como Spotify y que, al ser miembros de la organización, tengamos la posibilidad de vender nuestras canciones dentro del marketplace y cobrar por hacerlo.
En definitiva, la Web3 es mucho más que un eslogan: implica una transformación tecnológica y cultural con beneficios claros para los usuarios. En tanto que, para las empresas, exige una adaptación desafiante, pero también abre la puerta a nuevas oportunidades.
(*) El autor es CEO de HeirloomDAO, especialista en blockchain, negocios digitales y Web3.