Se lo llevó un cáncer de páncreas. Hubo lágrimas y palabras para el genio que creó Pink Floyd. También hubo olvido. Durante años, Syd estuvo fuera del ojo público, dando vueltas en su propia cabeza, creando en su propio mundo. Los que llegaban vírgenes a las canciones del grupo inglés desconocían la existencia de este dios de la psicodelia. Barrett fue lo que quiso: un poeta maldito.




