Frente a la denuncia, Alpine no dudó en salir a respaldarlo. Mediante un comunicado oficial, la escudería francesa fijó una postura firme: “Animamos a todos a recordar que detrás de estos atletas superhumanos hay una persona, un individuo con sentimientos, familia, amigos y seres queridos. Como equipo, no podemos tolerar el abuso en línea”.
El mensaje continuó con un llamado a la comunidad fanática de la F1: “Nos creemos afortunados de formar parte de un deporte global que despierta gran pasión y emociones, pero instamos a todos los aficionados a ser amables y respetuosos”.
El caso encendió nuevamente las alarmas sobre los límites del fanatismo digital en el automovilismo, en una era donde los pilotos no sólo deben sortear curvas a más de 300 km/h, sino también lidiar con la velocidad —y la crueldad— de las redes sociales.