El vínculo entre Rodríguez y Russo trascendía lo profesional. Según el colombiano, el ex DT de Boca veía en él un valor que pocos logran encontrar en el fútbol: “Lealtad. Miguel siempre fue un sitio seguro para mí. Cuando tenía un problema, me bastaba con que me hablara. A veces ni le contaba nada, y él igual me daba la solución”. Esa confianza mutua se convirtió en una de las columnas emocionales del equipo técnico que compartieron durante tantos años.
La despedida llegó con la mezcla de tristeza, amor y humor que caracterizaba a la relación entre ambos: “Le dije que lo amaba. Estoy seguro de que me habría respondido: ‘Pelotudo, dale’”, recordó entre lágrimas y una sonrisa. “Para mí, su partida marca un antes y un después. Es el final de algo y el inicio de algo”.
Antes de cerrar, Rodríguez expresó un deseo que resume el legado de Russo: “Si pudiera regalarle algo, serían sonrisas… y ojalá un título con Boca. Sería una de las mayores sonrisas para él”.
La figura de Miguel Ángel Russo, a juzgar por quienes lo conocieron en la intimidad, no se explica solo desde los trofeos: se explica en frases, gestos y silencios que hoy resuenan más fuerte que nunca en quienes lo quisieron.