Un par de semanas después llegará otro duelo determinante: el Superclásico frente a Boca el 9 de noviembre en La Bombonera. Más allá del contexto, un triunfo en ese escenario siempre tiene impacto emocional y puede convertirse en un punto de quiebre. Gallardo lo sabe y por eso lo incluyó entre los “objetivos al alcance” que podrían cambiar el curso del año.
Entre esos compromisos decisivos, el Torneo Clausura también se resignifica. Con duelos frente a Talleres, Gimnasia y Vélez antes del cruce ante Boca, River deberá recuperar la confianza y los resultados para no quedar rezagado también en la pelea local. Cada punto empieza a tomar una dimensión mayor, no solo por lo matemático, sino por lo anímico.
La declaración del entrenador fue recibida con alivio por algunos hinchas y con escepticismo por otros, pero dejó en claro que no piensa renunciar a la lucha. “No vamos a claudicar”, había dicho días atrás tras la caída con Deportivo Riestra, y volvió a sostener el mismo mensaje.
Lo que queda por verse es si el plantel responderá dentro del campo de juego con la misma convicción que expresa su entrenador ante los micrófonos. Para Gallardo, el tiempo de las excusas terminó y comenzó el de las definiciones. Los objetivos siguen al alcance. Ahora, River deberá demostrar si todavía tiene fuerzas para salir de la crisis o si el diagnóstico quedará únicamente en las palabras.