¿Qué ocurrió realmente aquella noche en Miami?
La final de la Copa América comenzó más de una hora tarde por desbordes en los accesos. Cientos de personas ingresaron sin entrada. En ese clima caótico, Ailing y su amiga fueron atacadas verbalmente por hinchas colombianos que, según la joven, querían quedarse con sus asientos. “Nos insultaban, nos hacían gestos racistas. Fue muy violento”, dijo.
Antonio, que estaba con su madre en la misma fila, intervino. Primero les pidió que se calmaran, luego fue a buscar seguridad. “No podía mirar para otro lado. Cuando vi a la amiga llorando, me metí. Después vinieron los agentes y se los llevaron. Me gritaron de todo, pero me sentí tranquilo”, recordó.
“No me siento un héroe”, reveló Antonio. “Actué espontáneamente. Fue una situación fea y reaccioné como cualquiera hubiera hecho. Nunca pensé que alguien iba a venir desde el otro lado del mundo solo para agradecerme”.
Después del episodio, su vida siguió con normalidad. Para él, era una anécdota. Pero Ailing pensaba diferente. Viajó en marzo pasado por primera vez para intentar encontrarlo, incluso fue a la cancha de River y a la AFA. Nadie la supo orientar. Recién cuando su historia apareció en medios argentinos, el contacto se concretó.
¿Cuándo se verán en persona?
El encuentro está planeado, aunque aún sin fecha exacta. Antonio retomó las clases, pero no descartan una escapada para verse antes del próximo partido de la Selección. Desde Santo Tomé, el joven reconoce estar sorprendido por todo lo que generó: “Ella claramente viene de otra cultura. No busca una historia de amor. Quería agradecerme. Me pidió disculpas por toda la movida mediática. Hasta me dijo que pensaba que yo podía estar en pareja”.
Su madre, Andrea, lo resume con una frase: “No se puede creer todo lo que pasó. Es un cuento. Y pensar que para nosotros era solo una anécdota más”.