Alberto Fernández dio la orden de que la renegociación de la deuda debe quedar rápidamente atrás. Sabe el Presidente que un fracaso o un atraso en este proceso demora más la salida de la recesión y reduce también las chances de que en 2021, año electoral, la economía se encuentre en franco crecimiento. El problema surge cuando Martín Guzmán pone en la mesa la "sostenibilidad de la deuda", lo que traducido significa que tras la renegociación, el país pueda cumplir con todos los pagos y no vuelva a incurrir en una cesación de pagos.
En la "sostenibilidad de la deuda" entran a jugar las quitas en valor presente a aplicarse a los bonos en dólares. Pero a esas quitas se enfrentan los bonistas que pueden rechazar la oferta de Guzmán y trabar el proceso. Es lo que pasó con el AF20, papel que se quiso canjear por nuevos títulos con menor tasa y con menor capital y que derivó en el rechazo de los fondos norteamericanos y el default.
Para tratar de minimizar heridas en tenedores del AF20, en las últimas horas se dispuso que ese bono pueda ser usado al valor técnico en futuras licitación de deuda que realice el Tesoro Nacional.
Momento clave
Martín Guzmán entra en zona de definiciones. Sabe que su futuro depende del resultado que logre en la oferta a bonistas. Por lo hecho hasta ahora, se percibe la falta de expertise y conocimiento de cómo operan grandes inversores. La oferta que se viene será del tipo: "Es esto o nada". Desde el lado de Guzmán no habrá lugar para negociaciones previas que permitan asegurar, al lanzar la oferta, que un elevado porcentaje estará a favor. Del trampolín a la pileta, sin medir el nivel de agua.
Banqueros argentinos en Nueva York aseguraron a A24.com que "el malestar por el no pago del AF20 puede contagiarse a inversores con tenencias de deuda en dólares". Lo paradójico es que el clima en mercados es ideal para que la Argentina logre salir rápidamente de esta encrucijada en la que se encuentra.
La semana pasada, Ghana recibió 15.000 millones de dólares en oferta para su lanzamiento de un bono a 40 años de plazo. La Argentina no pudo renegociar deuda en pesos por el equivalente a poco más de mil millones de dólares. El país africano no es rehén de los mercados financieros, evidentemente.