La avenida Avellaneda vivió este sábado un escenario atípico en la víspera del Día del Padre. Del ir y venir incesante de compradores que hubiera sido normal para una fecha como esta, el clásico paseo compras de indumentaria era, en cambio, una postal de la desolación, con los negocios cerrados producto de las restricciones originadas por la cuarentena.
