Lo más sano que puede hacer el equipo económico es no gastar reservas en mantener al tipo de cambio oficial congelado por más que sus movimientos generen aumentos en los precios. Analistas del mercado estiman que las reservas líquidas del BCRA se ubican en torno a los 10.500 millones, muy bajas frente a los pagos de la deuda que se vienen.
A futuro, el congelamiento del dólar oficial se sumó a la inflación que se está incubando con los frenos en subas de naftas, tarifas y transporte. El ministro de Producción Matías Kulfas ya anticipó a la misión del FMI que las tarifas no se congelarán de forma permanente, dando a entender que desde julio se iniciaría una actualización de las mismas.
Los exportadores, especialmente los agropecuarios, están limitados no sólo por este incipiente atraso cambiario en el "oficial", sino también por las retenciones que les reduce significativamente la competitividad. La soja por ejemplo, con el 30% de retenciones a las exportaciones, tiene un tipo de cambio de 43 pesos.
Los márgenes de utilidad para productores se deprimen así como también los incentivos a la siembra. Dado que era inevitable en la gestión Fernández la suba de este impuesto, tras las elecciones del 27 de octubre, las liquidaciones de exportaciones de soja se acumularon para eludir el nuevo gravamen. Esto significa que los dólares a liquidar serán menores en la próxima cosecha, algo que también afectará la evolución del tipo de cambio oficial.
Por último, dos cuestiones que afectan también al dólar oficial y su atraso. En primer lugar, el circulante viene aumentando a una tasa interanual del 45%. Es otra fuente de inflación a futuro y amenaza con presión al dólar oficial o mayor atraso. Y en paralelo la resolución de la negociación de la deuda. Un arreglo podría desactivar expectativas negativas. Un default todo lo contrario. Por ello se requiere en el BCRA y fundamentalmente en el Ministerio de Economía, una precisión con las medidas a tomar dado el complicado panorama que se tiene por delante.