La cotización del crudo había registrado fuertes subas durante julio como consecuencia del intercambio de ataques entre Estados Unidos e Irán y la amenaza de un cierre del estrecho. La posibilidad de un acuerdo redujo rápidamente la prima de riesgo incorporada a los precios durante las semanas anteriores.
Trump señaló que las conversaciones buscarán resolver tanto la reapertura completa de la ruta marítima como las diferencias relacionadas con el programa nuclear iraní. Aunque todavía no existe certeza sobre el resultado de las negociaciones, los inversores interpretaron la reanudación del diálogo como una señal de distensión.
Subieron los futuros de Wall Street y Europa
El alivio por una posible reducción de la tensión en Medio Oriente también favoreció a los mercados bursátiles occidentales. Los futuros del S&P 500 subían alrededor de 0,6%, mientras que los contratos del Nasdaq avanzaban cerca de 0,8%. En Europa, los principales futuros accionarios también mostraban una mejora aproximada de 0,8%.
La baja del petróleo beneficia especialmente a sectores sensibles al costo de la energía, como transporte, industria y consumo. Además, puede reducir las presiones inflacionarias y disminuir la necesidad de que los bancos centrales mantengan tasas de interés elevadas durante más tiempo.
En ese contexto, los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense retrocedieron. La tasa del título a 30 años bajó varios puntos básicos y se alejó del máximo de 19 años que había alcanzado durante la semana anterior.
Las bolsas asiáticas operaron con fuertes pérdidas
El panorama fue diferente en Asia, donde los mercados comenzaron la jornada con dificultades. El índice japonés Nikkei cayó cerca de 1%, mientras que el KOSPI de Corea del Sur perdió más de 5% y el índice MSCI de acciones de Asia-Pacífico, sin incluir Japón, retrocedió aproximadamente 1%.
Las bajas se produjeron después de un julio marcado por una elevada volatilidad en las empresas vinculadas con la inteligencia artificial. Los inversores comenzaron a cuestionar si las enormes inversiones en centros de datos, chips e infraestructura tecnológica podrán generar ganancias con la rapidez esperada.
El mercado tecnológico sigue condicionado por el temor a que el gasto de capital de las grandes compañías aumente más rápidamente que sus ingresos, una preocupación que provocó movimientos bruscos en las acciones asiáticas y estadounidenses durante las últimas semanas.
Estados Unidos y Japón intervinieron para fortalecer el yen
El otro gran protagonista de la jornada fue el yen japonés, que se apreció frente al dólar después de que Japón y Estados Unidos confirmaran una intervención coordinada en el mercado cambiario.
La moneda japonesa llegó a cotizar en torno a 155,20 yenes por dólar, su nivel más fuerte desde principios de mayo, después de haber permanecido cerca de mínimos no vistos en cuatro décadas. Más tarde moderó parte del avance y se ubicó alrededor de los 156,5 yenes por dólar.
La operación conjunta consistió en la compra de yenes para contener su caída. Se trató de una acción bilateral poco frecuente y de la primera intervención coordinada de este tipo entre ambos países en más de una década.
El presidente Trump afirmó que Estados Unidos decidió colaborar con Japón como una muestra de amistad y para evitar que la debilidad de la moneda japonesa generara consecuencias negativas sobre la economía global.
Por qué el yen había caído a mínimos históricos
Antes de la intervención, el yen había llegado a cotizar cerca de 164 unidades por dólar, su peor registro en aproximadamente 40 años. La depreciación fue impulsada, principalmente, por la amplia diferencia entre las tasas de interés de Japón y Estados Unidos.
Mientras la tasa de referencia japonesa permanecía en torno al 1%, la de la Reserva Federal se encontraba en un rango de entre 3,5% y 3,75%. Esa diferencia incentivaba a los inversores a endeudarse en yenes a bajo costo para comprar activos denominados en dólares con rendimientos mayores.
La debilidad del yen también encareció las importaciones japonesas, en especial las de petróleo y gas, y aumentó las presiones sobre el costo de vida. Las autoridades de Tokio ya habían intervenido de manera unilateral, pero el efecto de esas operaciones había sido limitado y de corta duración.
La advertencia de Estados Unidos y Japón
El Ministerio de Finanzas japonés confirmó que ambos países están dispuestos a actuar nuevamente si se producen movimientos considerados excesivos o desordenados en el mercado cambiario.
El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, también planteó la posibilidad de aumentar el volumen de la línea de recompra de la Reserva Federal, una herramienta que permite ofrecer liquidez temporal en dólares sin obligar a Japón a vender grandes cantidades de bonos del Tesoro.
Los anuncios llevaron a los inversores a cerrar posiciones especulativas contra el yen. Antes de la intervención, las apuestas netas por una nueva depreciación de la moneda japonesa se encontraban en su nivel más alto en dos años.