Una inflación imparable
En este escenario, un informe del Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE) de la Universidad de Belgrano indicó que la inflación podría llegar al 61% en 2022.
La cifra no parece exagerada si se considera que, para enero de 2022, en el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que realiza el Banco Central de la República Argentina (BCRA), los analistas de mercado proyectaron una inflación minorista anual cercana al 55%; y, quienes mejor pronosticaron la variable para el corto plazo, esperan en promedio una inflación de 58%.
Al respecto, Camilo Tiscornia, director de C&T Asesores Económicos, aclara que “es un momento difícil para pronósticos porque hay diversos temas por definir que hacen a la inflación: qué hará el Gobierno con el tipo de cambio, que pasará con la sequía, con las tarifas o incluso con el acuerdo con el FMI”.
“Son todas dudas que hacen a la proyección de la inflación y, según lo que pongas en cada caso, puede moverse en 60%, 70% o tal vez más cerca de 50%”, dice el economista, para quien lo que parece realmente complicado “es que baje de 50%”.
Implicancias del acuerdo con el FMI
Desde el CENE, además, valoraron las implicancias del anuncio realizado por el presidente Alberto Fernández acerca del principio de entendimiento con el staff técnico del FMI, que le permitió al país seguir esquivando el default y, en particular, las probabilidades de cumplirlo.
“La Argentina recibiría un total de 44.500 millones de dólares, es decir el equivalente de la deuda actual con el organismo, con vencimientos que comenzarán cuatro años después del primer desembolso y terminarán diez años más tarde. Además, en 2022, recibirá 5.000 millones de dólares, en concepto de devolución de lo abonado en 2021, que estarán destinados al fortalecimiento de las reservas internacionales”, precisa Víctor Beker, director del organismo de la UB.
En síntesis, agrega, “el gobierno argentino logró refinanciar a diez años el total de la deuda actual con el organismo. El FMI desembolsará gradualmente los 44.500 millones de dólares a lo largo de dos años y medio, en cuotas trimestrales y condicionadas al cumplimiento de un programa económico fijado para dicho período”.
“El principal compromiso que asume el gobierno argentino consiste en una paulatina reducción del déficit fiscal que, estimado en 3% del PBI en 2021, debería reducirse al 2,5% en 2022, al 1,9% en 2023 y al 0,9% en 2024. Cabe recordar que en el proyecto de presupuesto elevado por el Poder Ejecutivo al Congreso de la Nación se preveía un déficit de 3,3% para el corriente año, es decir 0,8% por encima del comprometido ahora con el FMI. Correlativamente, se prevé que el financiamiento monetario del déficit pasará del 3,5% del PBI en 2021 al 1% en 2022, al 0,6 en 2023 y al 0% en 2024”, advierte el reporte.
Inflación y déficit fiscal
Según Beker, “ la reducción del déficit se lograría mediante un aumento de tarifas, que permitiría reducir el monto de los subsidios a la energía; de la inflación, que este año podría llegar al 61% y que, al igual que en períodos anteriores, licuaría el valor real del gasto público, y de una mejora en la recaudación tributaria”.
Por último, señala el reporte del CENE, “al reducir la probabilidad de default con el FMI, el acuerdo podría disminuir la extrema incertidumbre que ha imperado en los mercados en los últimos meses, cuando muchos apostaban a aquel desenlace. Sin embargo, la turbulencia política que sucedió al anuncio del acuerdo conspira contra este resultado, manteniendo abiertos los interrogantes sobre el futuro económico y político”.
De todos modos, aporta Tiscornia para finalizar, “tampoco es que el Gobierno elige exactamente la inflación que generará, por lo que deberían tener bastante cuidado, ya que cualquier señal de que ‘hacemos lo que sea total lo financiamos con emisión y que la inflación vaya a cualquier lugar’, sería muy peligroso”.