Se consideran gastos subejecutados aquellos que estaban previstos pero nunca se hicieron. Por ejemplo, una ruta que se debería pavimentar pero cuya obra no se inició. En cambio, los gastos adeudados son aquellos ya comprometidos en que el prestador probablemente ya haya brindado el servicio pero el Estado todavía no le pagó.
. Por un lado, los fondos destinados a la Provincia de Buenos Aires para el tratamiento y alojamiento de presos del Sistema Penitenciario Federal están presupuestados en $516 millones pero el Estado solo pagó $1,95 millones. Así, la ejecución solo es del 0,4%.
Por otro lado, CABA había logrado $325 millones en presupuesto para obras de transporte por fuera de la red nacional vial. Sin embargo, el programa está ejecutado en un 0,6% ($2 millones).
Párrafo aparte se merece el programa de Lucha contra el SIDA y enfermedades sexualmente transmitidas para la Ciudad de Buenos Aires: si bien el Estado ya se comprometió a pagar el $12,5 millones, el desembolso está frenado: solo se pagaron $5,7 millones y la deuda es de $6,8 millones. O sea que en este programa la deuda ya supera lo pagado.
Según el glosario del presupuesto, los programas son la unidad básica de la asignación presupuestaria.
Decimos que un programa es importante cuando está por encima del promedio. Más específicamente, cuando su presupuesto inicial supera la media del presupuesto. En el presupuesto de este año, el promedio de presupuesto por programa es de $53 millones, con lo cual solo fueron analizados los que superan ese monto. Otra condición que comparten los programas analizados es que todos llevan más de un millón de pesos gastados este año. De esa manera se evita incluir programas que nunca iniciaron.