Precisamente este fondo aprovechó el derrumbe de las cotizaciones hace diez días para incrementar su posición y lograr mayor peso en las negociaciones. El viernes vence el plazo para aceptar la propuesta.
De todas maneras, hay errores en la negociación que repiten los cometidos en 2020 a nivel nacional.
En primer lugar, se arranca de una posición débil ya que el tiempo juega en contra de YPF dado que se le viene encima el vencimiento de deuda de marzo.
Es decir, que la presión por acordar la tiene la empresa argentina. El camino judicial tras un default no es complejo para los acreedores dado que pueden ejecutar o embargar activos que, si se tratara de un default soberano, ello no sería tan inmediato.
Incluso, siempre es conveniente salir a renegociar la deuda antes de que se formen los tradicionales “comité ad hoc” o clubes de acreedores. Cuando se unen los bonistas, es otra señal de que se pierde poder en la negociación.
Dada esta situación, hubiera sido lógico lanzar la oferta de reestructuración pero una vez acordados sus principales puntos con los acreedores. Lanzar ofertas sin un acuerdo previo, representa una pérdida de tiempo, terminan inevitablemente siendo rechazadas y fortaleciendo inmediatamente los reclamos de los bonistas.
Esta es la tercera oferta que presenta YPF. Enfrente, del otro lado del mostrador, los fondos de inversión que son tenedores de papeles de YPF tienen una vasta experiencia en negociaciones y cómo afrontar estas reestructuraciones para obtener el máximo beneficio.
Más allá de estos idas y vueltas, un acuerdo beneficia a las dos partes. Y es lo que seguramente ocurrirá tras esta oferta o eventualmente si hubiera una más con mejoras adicionales.
Lo presentado ayer por YPF incluye mejores garantías de pago sobre el nuevo bono que vence en 2026 y cupones de intereses más elevados. Habrá detalles adicionales en la negociación que se definirán en diálogos por venir con acreedores.
Pero de fondo debe considerarse que siempre la renegociación de una deuda es para que el emisor, en este caso YPF, vuelva a ser sujeto de crédito en el mercado internacional.
El caso argentino del 2020 es un ancla: de nada sirvió en ese sentido la renegociación efectuada por Martín Guzmán dado que el riesgo país oscila los 1400 puntos.
Las dudas de los inversores persisten. Se percibe en Argentina una alta probabilidad de default tras el 2024. Los problemas se pasaron unos años adelante. El problema de YPF entonces es superior.