Por supuesto, que resulta más entretenido jugar a los nombres propios y debatir quien debe jugar. Si Tevez o Zarate, si Mc Allister o Bebelo Reynoso, si Fabra o Más. Y es que Boca tiene un plantel de tantas calidades que los diagnósticos son circunstanciales. Pero lejos que esa amplitud estimule la competencia interna, termina alejándola de una búsqueda colectiva más profundo.
Será un tarde o una noche estelar de distintos jugadores en su lucimiento individual. Pero el destaque de cada uno de ellos, no impactará en lo global. No logrará atravesar al equipo para mejorarlo.
La presentación tan esperada de Daniele De Rossi fue muy destacada. El italiano mostró categoría para darle claridad al equipo en la organización. Sin dudas, que puede fortalecer a Boca en esa zona clave. Su categoría nunca estuvo bajo cuestión. Pero su influencia en el equipo deberá determinarse desde decidir donde presionar y con qué postura decidir jugar.
En conclusión, Boca no deja de ser un equipo basado en las individualidades. No importa quien sea el hombre que está sentado en el banco de suplentes. Sea Arruabarrena, Guillermo o Alfaro el problema de Boca es simple: no termina de saber lo que quiere. Y ahí el entrenador tiene una gran cuota de responsabilidad.