En este conflicto, está en juego el futuro de la carrera del mejor del mundo. Y el fútbol no te da demasiado tiempo sabático para futbolistas que necesitan el combustible de seguir siendo competitivos. El riesgo que corre fundamentalmente Messi, con esta decisión, es dejar de volar en las grandes alturas. Y no hay, a los 33 años, demasiado tiempo que perder. El rumbo institucional y futbolístico del Barcelona parece alejado de las exigencias de Messi. Por eso se considera un error no buscar otros horizontes.
Si la convicción era reformular su carrera el momento era oportuno, pero evidentemente le embarraron la cancha y no había anticuerpos para soportar ese costo.
Sin proponérselo, porque ha quedado claro en sus expresiones de ayer cuál fue deseo, Messi le está dando una nueva oportunidad al Barcelona. Se la da al club y su capacidad para regenerarse, más que a esta gestión que ha evidenciado su incapacidad.
También esta decisión a la que se vio forzado el jugador desprende la poca autonomía que suelen tener estos genios del fútbol ante las redes del establishment del fútbol. Si Messi no puede jugar donde quiere, y el poder le condiciona su destino, las leyes laborales también a los grandes actores de este juego lo esperan tendiéndoles una trampa macabra.