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FÚTBOL

Messi, el futbolista que terminó siendo rehén del club de su vida

Messi, el futbolista que terminó siendo rehén del club de su vida
Lionel Messi

Messi sigue en Barcelona, aunque forzado por una situación que nunca imaginamos. Hoy termina siendo rehén del club de su vida. Ha quedado preso de dirigentes burdos que hicieron todo lo posible para que se decepcione y quiera marcharse, para luego impedirle la salida al jugador desde la literalidad de fechas y cláusulas.

Por supuesto que desde el burofax (anuncio formal de una voluntad) hasta esta declinación Messi habrá recorrido imágenes muy fuertes de la historia de amor que lo une con el club que lo cobijó siendo un niño. También pudo haber contemplado la reacción popular y el posible rencor por terminar de este modo. Posiblemente habrá desdeñado el apego por la ciudad en la que nacieron sus hijos y a la que siempre deberá volver.

Todas estas imágenes habrán atravesado los pensamientos de Messi y su entorno. Pero ninguna foto fue tan determinante como la posibilidad de volver a estar sentado en un estrado, esta vez no por evasión fiscal sino demandando por el club que le firmó su primer contrato en una servilleta. El Barcelona perdió ese efecto de la palabra y se volvió amenazante y cruel. Otros dirigentes. Otros tiempos más mezquinos.

Si algo se le puede reprochar a Jorge Messi, su padre y representante, fue no contemplar alternativas en la negociación ante la imposición contractual del propio Bartomeu. Si la idea era entablar una guerra, había que estar a la altura del conflicto. Si la intención estaba clara, debieron encontrar soluciones. Con el peso y los motivos de un destrato inmerecido para reclamar una salida amigable y sin reproches.

En este conflicto, está en juego el futuro de la carrera del mejor del mundo. Y el fútbol no te da demasiado tiempo sabático para futbolistas que necesitan el combustible de seguir siendo competitivos. El riesgo que corre fundamentalmente Messi, con esta decisión, es dejar de volar en las grandes alturas. Y no hay, a los 33 años, demasiado tiempo que perder. El rumbo institucional y futbolístico del Barcelona parece alejado de las exigencias de Messi. Por eso se considera un error no buscar otros horizontes.

Si la convicción era reformular su carrera el momento era oportuno, pero evidentemente le embarraron la cancha y no había anticuerpos para soportar ese costo.

Sin proponérselo, porque ha quedado claro en sus expresiones de ayer cuál fue deseo, Messi le está dando una nueva oportunidad al Barcelona. Se la da al club y su capacidad para regenerarse, más que a esta gestión que ha evidenciado su incapacidad.

También esta decisión a la que se vio forzado el jugador desprende la poca autonomía que suelen tener estos genios del fútbol ante las redes del establishment del fútbol. Si Messi no puede jugar donde quiere, y el poder le condiciona su destino, las leyes laborales también a los grandes actores de este juego lo esperan tendiéndoles una trampa macabra.

por Hugo Balassone
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