Emocionante

Lo que dijo D'Alessio, lo que Rosenkrantz insinuó y la Justicia que viene

Catalina de Elía
por Catalina de Elía |
Lo que dijo DAlessio, lo que Rosenkrantz insinuó y la Justicia que viene

En la inauguración del año judicial, el presidente de la Corte Suprema, Carlos Rosenkrantz, modificó su discurso. Ahora como antes reconoció que la justicia atraviesa una crisis de legitimidad y confianza. No obstante, esta vez no ubicó la responsabilidad en los medios de comunicación, sino en la propia estructura judicial.

Es más, utilizó como al pasar una metáfora realmente potente. El supremo instó a los jueces a seguir el ejemplo de Ulises, quien para resistir el canto de las sirenas se ató al mástil de su barco.

Pero Rosenkrantz omitió contar una parte del mito. Cuando Ulises logró su objetivo, una de las sirenas debió ser sacrificada porque no lograron el fin de seducir al navegante. Por lo tanto, Parténope se lanzó al mar y su cuerpo fue arrastrado hacia la costa (donde algunos años después se fundó lo que hoy es Nápoles, un territorio en el que el Estado y la mafia pugnan por dominar).

La pregunta es evidente ¿que sugirió el presidente de la Corte? Lógicamente instó a los magistrados a ser instrumentos de la Constitución y de la ley y no de intereses particulares.

Pero también es lícito pensar que la elección de Ulises no fue casual y que Carlos Rosenkrantz se refirió a la necesidad de sanear la justicia federal penal, cuyos poros destilan algunas infecciones. Sobre todo, porque ese mismo día la Corte Suprema acogió favorablemente el pedido de apoyo material que solicitó el juez de Dolores Alejo Ramos Padilla.

Recordemos que el presidente de la Nación, Mauricio Macri, en un reportaje que concedió al colega Luis Majul, expresó la necesidad de destituir al juez que, de acuerdo a sus propias palabras, en la Comisión de Libertad de Expresión del Congreso de la Nación se topó con una organización ilegal que cometía delitos vinculados al espionaje y a la extorsión de personas vulnerables con respecto al sistema judicial.

La decisión de Ramos Padilla de asistir al Congreso dividió aguas en el ágora mediática. De todas maneras, basta repasar la Constitución Nacional para comprender que la división de poderes no significa enfrentamientos y que, cada uno en su espacio, deben actuar de manera coordinada para garantizar el funcionamiento de la República.

Lo concreto es que el respaldo institucional de la Corte es significativo, porque ocurrió en plena tormenta desatada por el Ejecutivo en el Consejo de la Magistratura.

Pero el caso D’Alessio no deja de suministrar sorpresas. Cada día asistimos a novedades que, independientemente de las simpatías que generan, exhiben un lado temible, demasiado temible, porque el factor común de todas esas novedades es que muestran la relación entre los servicios de inteligencia, la justicia y la dirigencia política que actúa en el sector público y también en el privado. Se suceden los gobiernos y ese factor es constante.

De hecho, el domingo pasado Infobae recordó cómo el entonces flamante presidente Raúl Alfonsín lucía escoltado en plena primavera democrática por Raúl Guglielminetti, condenado por delitos de lesa humanidad en el centro de detención clandestina “Automotores Orletti”, el centro dominado por los servicios de inteligencia de acuerdo con la sentencia judicial.

Las continuidades son demasiadas.  

Así como en el celular del falso abogado apareció una fotografía que con una semana de anticipación tenía los trazos principales de la decisión que la Sala I de la Cámara Federal tomó el pasado diciembre sobre la causa de los Cuadernos, el juez Claudio Bonadio procesó una vez más a Cristina Kirchner sobre la base de un testimonio de Marcelo D’Alessio.

El colega Carlos Pagni habló en su programa “Odisea” de “una contaminación vergonzosa que ofende a la democracia argentina” y destacó que en ese campo no existe la famosa grieta. En otras palabras, como tantas veces dije desde esta columna, la justicia se escapó de la democracia. Agregaría que su temple y decisión es muy diferente a la de Ulises, a juzgar por la evidencia de estos tiempos.

Para colmo de males, gran parte de la campaña electoral parece juzgarse en el terreno de la economía y en el de la justicia. El vector judicial muestra una inflación de pronunciamientos contra los ex funcionarios kirchneristas y una pasividad asombrosa con respecto al oficialismo. Nada nuevo porque históricamente la justicia es más buena con los oficialistas que con los opositores.

Pero nunca antes habíamos visto lo que ahora empezamos a ver: el cuerpo judicial perdiendo sus ropas y mostrando una piel mestiza entre la legalidad y la ilegalidad. En efecto, el festival de filtraciones de escuchas ilegalesque deberían estar al resguardo de la Corte Suprema, es una cara de esto.

¿Se repetirá el mito griego y finalmente Ulises llegará hasta su amada Penélope?, que bien podría ser el reencuentro de la Justicia y la Constitución. ¿O en la versión argentina triunfarán las sirenas?