La cuestión no es menor. Lo que resuelva la justicia puede transformarse en un incentivo clave a la hora de ejercer la chance de arrepentirse. De acuerdo a los fiscales, una confesión puede ser compartida. Ello significa que muchos jueces pueden utilizarla y, en consecuencia, se multiplicarían los problemas para los arrepentidos. Según Bonadio, los arrepentimientos se limitan a una sola causa. Es preciso seguir con atención este debate.
Más allá de las “zonas marrones” de la justicia y en especial del proceso de los cuadernos en particular, la figura de los arrepentidos promete seguir trayendo dolores de cabeza a más de uno. Muchos de ellos fueron cambiando sus declaraciones en el mismo expediente y ello supone una grieta fuerte en el caso porque ¿cuál versión es la correcta?. Además, apelaron la resolución del juez que los procesó, porque discuten el alcance que el magistrado otorgó a sus confesiones.
Finalmente, la suerte de estos actos en los que el juez estructuró toda la investigación dependen del modo en que la Cámara Federal resuelva una cuestión crucial pues, el fiscal debió registrar las audiencias con los arrepentidos por algún medio técnico que trascienda el acta escrita, como dice el artículo 6 de la ley, y no lo hizo. ¿Serán considerados válidos?, ¿qué pasa si los declaran nulos? Demasiadas preguntas que la justicia debe resolver.
Mientras la causa de los cuadernos avanza, sin saber nosotros cuán lejos o cerca de la verdad histórica, proliferan los espacios de pensamiento crítico - tales como libros, importantes editorialistas y agrupaciones como “Iniciativa Justicia”- que más allá de sus diferencias, ponen la lupa sobre el desempeño de la justicia en general y específicamente acerca de la Causa de los Cuadernos. En particular, cómo un proceso que podía significar el saneamiento de un sistema corrupto y corroído desde sus raíces terminó absorbido y siendo parte del mismo.
El final está lejos y abierto.