Técnicos de la FAO señalaron que se necesitan urgentemente 115 millones de dólares para prevenir un deterioro mayor de la situación de inseguridad alimentaria en Ucrania, en modo de asistir a sus agricultores en la siembra de hortalizas y papas durante la primavera europea y tratar que los productores rurales tengan mínimas condiciones para ir a los campos y poder salvar la cosecha de trigo del invierno.
“A medida que el acceso a los alimentos, su producción y disponibilidad general se deterioran en buena parte de Ucrania a consecuencia de la guerra, los esfuerzos para apoyar la producción agrícola y el funcionamiento de las cadenas de suministro alimentario serán esenciales para evitar una crisis alimentaria en el 2022 e incluso en el 2023”, señaló Rein Paulsen, Director de la Oficina de Emergencias de la FAO.
Según expertos, de seguir la dramática situación, es posible que en 2022 no se puedan cosechar ni cultivar un tercio de los cultivos ni de los terrenos agrícolas. El desplazamiento forzoso de la población civil que huye de la guerra y del reclutamiento de los hombres en las fuerzas de defensa territorial están provocando una escasez de mano de obra y un aumento de la carga que soportan las mujeres, a lo que se suma la reducción del acceso a insumos agrícolas de crucial importancia para las plantaciones.
La guerra ha conllevado al cierre de puertos, a la suspensión de actividades de trituración de semillas oleaginosas y a la introducción de restricciones a la concesión de licencias de exportación y de prohibiciones de algunos cultivos y productos alimentarios. Las principales ciudades ucranianas están siendo rodeadas y siguen sometidas a intensos bombardeos, lo que deja aisladas a las personas y las expone a un grave desabastecimiento de alimentos, agua y energía.
Es difícil pensar que otros países productores puedan sustituir en mínima medida los niveles de producción que tenían Rusia y Ucrania ante un mercado exportador alterado. Basta pensar que Rusia es el mayor exportador mundial de trigo, siendo Ucrania el quinto y que en conjunto proporcionaban a nivel mundial el 19 por ciento del suministro de cebada, el 14 por ciento del trigo y el 4 por ciento del maíz y que también representaban el 52 por ciento del mercado mundial de aceite de girasol mientras que Rusia es el principal productor de fertilizantes.
Como señalaba el Papa Francisco, sin paz no se resolverá el problema del hambre, recordando que, a la dramaticidad de esta guerra en Europa, se suman los graves conflictos aún sin resolver como los de Yemen, Afganistán, Libia y Siria y otros que también condenan al hambre a muchos millones de personas.
Como ha solicitado en repetidas oportunidades desde el inicio del conflicto el Director General de la FAO, Qu Donyu, se deben hacer los máximos esfuerzos para mantener abierto el comercio de alimentos y fertilizantes, buscar suministros de alimentos nuevos y diversificados, apoyar con asistencia social a los grupos mas vulnerables, incluidos los desplazados internos, evitar reacciones normativas especiales por país que pueden perjudicar los mercados internacionales a corto y mediano plazo, contener la propagación de la peste porcina africana y fortalecer la transparencia de los mercados.
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La guerra entre Rusia y Ucrania hizo saltar los precios del trigo