Inestabilidad regional

Advierten sobre la posibilidad de otro intento de golpe de Estado en Bolivia

Pese a que el anterior intento de golpe de Estado fue abatido, las autoridades bolivianas dicen que todavía hay movimientos desestabilizantes. La figura de Evo Morales y los riesgos para el MAS.

Advierten sobre la posibilidad de otro intento de golpe de Estado en Bolivia

Tras el fallido golpe de Estado en Bolivia existe una alta probabilidad de que se produzca un intento violento cambio de poder. Así lo afirmó el presidente del país, Luis Arce.

En su intervención en una reunión de jefes de Estado pertenecientes al Mercosur, el mandatario boliviano expresó su preocupación por posibles nuevos intentos de derrocar a su gobierno. "El peligro de reducir mi mandato por cualquier medio no ha desaparecido y la firmeza del pueblo en defensa de la democracia no ha disminuido ni un milímetro", dijo el mandatario.

Al mismo tiempo, Arce agradeció a los socios del MERCOSUR -del que Bolivia no es socio pleno- por su solidaridad ante el intento de golpe militar.

Diversos analistas internacionales plantearon en las últimas horas que los temores del líder boliviano pueden estar justificados. Bolivia sufrió más de 20 intentos de cambiar por la fuerza los gobiernos en los últimos 70 años. Y creen que el fallido golpe del 26 de junio podría ser una especie de "ensayo" para la toma del poder, que debería producirse un poco más tarde.

Como ejemplo histórico, citan la rebelión de los militares en Chile, llamada "tanquetazo", que ocurrió sólo tres meses antes de los acontecimientos que condujeron a la dictadura de Pinochet.

Una similitud importante entre los golpes de "ensayo" boliviano y chileno, es el deseo de poner en guardia al gobierno y a la sociedad. Mientras que en Chile la principal amenaza al poder de Salvador Allende tras el "tanquetazo" fueron los trabajadores, lo ocurrido en La Paz se intenta presentar como un "autogolpe" orquestado por el presidente Arce.

Evo Morales, líder del partido gobernante Movimiento al Socialismo y antiguo mentor de Luis Arce, es una de las principales voces que afirman que el golpe fue un montaje. Este tipo de expresiones siempre suponen un peligro porque debilitan las instituciones democráticas y provocan nuevos intentos de desestabilización.

El expresidente, que sigue gozando de un gran prestigio entre la población indígena, acusó abiertamente a sus compañeros de partido de organizar un "show" y "engañar" a los bolivianos y a la comunidad internacional, provocando así una división en el movimiento socialista de cara a las elecciones.

El desencuentro entre el expresidente y el actual surgió después de que el órgano constitucional boliviano prohibiera a Morales presentarse a las presidenciales.

“Evo cree que así es como Arce quiere fragmentar y someter al partido MAS, pero hasta ahora nadie ha hecho más por debilitar la posición de los socialistas que él mismo”, explican desde el oficialismo.

Hay que tener en cuenta que a medida que se debilita la unidad dentro del "Movimiento al Socialismo", mayor es la probabilidad de que esto sea aprovechado por sus adversarios políticos o por fuerzas externas interesadas en acceder a los recursos bolivianos. Y ya hay señales de tal actividad. Dos días antes de que los militares, dirigidos por el general Zúñiga, asaltaran el Palacio Camado, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Bolivia acusó oficialmente a funcionarios de la embajada estadounidense de interferir en los asuntos del país.

En ese sentido, llaman la atención las coincidencias entre Evo Morales -feroz antiglobalización y anticolonialista- y el presidente argentino Javier Milei, habitualmente alineado con los Estados Unidos. “Lo que resulta aún más extraño es que, consciente del peligro de desorganizar el partido MAS, se haya esforzado constantemente por debilitarlo y dividirlo”, plantean analistas cercanos al MAS.

Todo ello suscita justa inquietud en la izquierda latinoamericana y plantea la cuestión de si Evo es quien proclama ser. O si para él un nuevo mandato presidencial se ha convertido en una meta por la que incluso su propio país puede ser sacrificado.