Cuatro países —Reino Unido, Grecia, Albania y República Checa— perdieron en 2018 el estatus de “país libre de sarampión”, lo que significa que el virus ha vuelto a circular de forma autóctona.
Por primera vez desde que la OMS inició el proceso científico para las estadísticas, en 2012, los casos registrados de sarampión en 48 países de Europa llegan a 89.994 tan solo en la primera mitad de 2019. Más del doble de los casos en el mismo período del año pasado y más que la cifra total de 2018.
Hace pocos meses, al otro lado del Atlántico, el alcalde de Nueva York ordenó una masiva campaña de vacunación en el barrio de Brooklyn por el aumento desmesurado de casos de sarampión. Oponerse a una política sanitaria oficial podía representar la vacunación compulsiva y una multa personal de US$1.100
“Que se vuelva a producir la transmisión autóctona es muy preocupante. Sin una cobertura inmunológica masiva, niños y adultos sufrirán inútilmente y algunos morirán”, advirtió Günter Pfaff, presidente de la comisión regional de verificación de la eliminación del sarampión y la rubeola.
Como asegura la Organización Mundial de la Salud, las vacunas son “seguras, efectivas y salvan vidas”. Para que se entienda: “Su seguridad y salud, depende de la protección que les da que el resto de la población esté vacunada”.