Sin embargo, se mostró crítico de muchas decisiones de los jerarcas nazis, aunque de manera cautelosa. Herido en el África, perdió el ojo izquierdo, dos dedos de la mano izquierda y casi toda la movilidad del brazo derecho.
Con 36 años, lo nombraron jefe del Ersatzheer (los soldados de reserva del ejército nazi). Comenzó a conspirar en secreto contra Hitler durante meses, hasta que tres hechos lo decidieron a actuar.
Primero, la derrota en Stalingrado en febrero de 1943, que marcó el fin de la extensión nazi hacia el este europeo. Luego en 1944, el desembarco en Normandía de los aliados (6 de junio) y las atrocidades de los campos de exterminio en el marco de la "solución final" para asesinar a millones de judíos.
El plan para asesinar a Hitler - que ya estaba planeado - se puso en marcha. Se llamó "operación Valkirias". Pese a tener un rango menor, Stauffenberg consiguió que se le otorgara un pase para ir a la "guarida del Lobo" y, eventualmente, participar en las reservadas que el Führer tenía con su comando más cercano.
El 20 de julio de 1944, en una de esas oportunidades en las que llegó a la sala de reuniones, Stauffenberg llevaba explosivos en su supuesta "cartera de trabajo". En un momento de las deliberaciones, se agachó para dejar su portafolio en el piso, debajo de la mesa y muy cerca de donde hablaba Adolf Hitler.
Como no cumplía un papel principal, con una excusa dejó la sala de reuniones. El artefacto explotó a las 12.40 horas.
Von Stauffenberg no estaba allí, pero escuchó y vio la explosión y dio por cumplida la misión. Llamó a Berlín y aseguró que había visto morir a Adolf Hitler. En la capital alemana, debía ponerse en marcha la operación para dar un golpe de estado, desplazar a los jerarcas nazis, formar un nuevo gobierno e intentar una negociación con los aliados. Pero Stauffenberg no vio realmente lo que sucedió.
sala de reuniones destruida en el fallido atentado a hitler.jpg
Así quedó la sala en la que explotó la bomba que no pudo matar a Adolf Hitler. (Foto: gentileza DW)
Una patada afortunada para el Führer
Ese día varias cosas cambiaron en relación a lo habitual. La reunión no fue en el búnker bajo tierra, sino en un salón en la superficie. Como hacía calor Hitler dio la orden de abrir las ventanas para que circulara el aire. Cuando Stauffenberg colocó el portafolio con la bomba debajo de la mesa y se fue, ocurrió el último eslabón de la cadena de hechos que jamás imaginó: un participante de la reunión, que movía su pie, tocó el portafolio y como le molestaba, lo corrió ligeramente alejándolo de Hitler sin saber que allí había una bomba.
diagrama de la guarida del lobo.jpg
El atentado para matar a Hitler que falló por una serie de hechos imprevistos (Foto: A24.com)
Cuando estalló, la suma de esos factores le salvaron la vida al Führer. Estar en la superficie, con las ventanas abiertas amplió el rango de la onda expansiva y amortiguó su intensidad. Además ese golpe a la "cartera" hizo que la explosión no lo afectara de lleno a Adolf Hitler.
El Führer se salvó milagrosamente. Tuvo heridas menores, una sordera temporal por el estruendo y un golpe en la cabeza que pudo incidir por la conmoción, en su declinación mental sobre el fin de la guerra. Pero no murió.
La ira del Führer
Rápidamente, entre los escombros, se ordenó una represalia feroz contra los complotados. Un llamado de los jerarcas Nazis a Berlín desbarató el "golpe de los reservistas".
Comenzó un momento feroz de detenciones a granel, juicios sumarísimos y ejecuciones sin juicio alguno. Se detuvo a más de 2.500 militares y civiles acusados de conspiradores. Hubo más de 100 ejecuciones.
Claus von Stauffenberg fue fusilado el 21 de julio de 1944. Adolf Hitler sobrevivió un año y diez días más.