Incluso volver a los niveles de mortalidad materna anteriores a la pandemia, que ya eran altos, podría consumir más de una década, siendo que casi todas las muertes maternas son evitables, recordó Etienne, dominiquesa y médica de formación.
La tasa de mortalidad materna en América Latina y el Caribe se había reducido de 96 a 74 muertes maternas por cada 100 000 nacidos vivos entre 2000 y 2017, una reducción global de 23,1 por ciento.
Ahora, “según estimaciones de las Naciones Unidas, hasta 20 millones de mujeres en América -principalmente en países latinoamericanos y caribeños- verán interrumpido su control de la natalidad durante la pandemia”, dijo Etienne.
Eso puede ocurrir en los próximos años ya sea porque los servicios ya no estén disponibles o porque las mujeres ya no tendrán los medios para pagar la anticoncepción, según precisó.
La atención al embarazo y al recién nacido también sufre interrupciones en casi la mitad de los países de la región.
Al mismo tiempo, las mujeres embarazadas son más vulnerables a las infecciones respiratorias como la covid y, si se enferman, tienden a desarrollar síntomas más graves, que muchas veces requieren intubación, lo que puede poner en riesgo la vida tanto de la madre como del bebé.
Otro aspecto señalado por Etienne es que las mujeres, que representan más de 70 por ciento del personal sanitario de América Latina y el Caribe, llevan la peor carga de la respuesta a la covid.
Además, las mujeres sufren un impacto económico mucho mayor, pues ya son más propensas a vivir en la pobreza y tienen más probabilidades de haber perdido sus empleos desde el comienzo de la pandemia.
“Debemos recordar que los retos y las desigualdades a las que nos enfrentábamos antes de la COVID-19 no han desaparecido durante la pandemia, sino que han empeorado y no pueden pasarse por alto. Por eso debemos hacer de la protección de la vida de las mujeres una prioridad colectiva”, expuso la responsable.
Con motivo del próximo Día Internacional de Acción por la Salud de la Mujer, el 28 de mayo, Etienne dijo que los países deberían “hacer precisamente eso: actuar”.
“Podemos empezar por garantizar que las mujeres y las niñas accedan a los servicios de salud que necesitan -como los de salud sexual y reproductiva, y la atención relacionada con el embarazo y el recién nacido- durante la respuesta a la covid-19”, concluyó.
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