La situación se volvió tan crítica que las autoridades civiles de Viterbo intervinieron para forzar una decisión: encerraron a los cardenales, les redujeron la comida e incluso les retiraron el techo del edificio para acelerar la elección.
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La sede del cónclave fue Viterbo, una pequeña ciudad al norte de Roma.
La solución: elección por comité y un Papa inesperado
Ante la falta de avances, los cardenales decidieron delegar la elección en un comité reducido de seis miembros, una medida sin precedentes. Así, en septiembre de 1271, finalmente fue elegido el papa Gregorio X, un hombre de perfil conciliador que ni siquiera era cardenal al momento de su nombramiento.
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La Iglesia sin Papa: el insólito caso de los tres años sin sucesor tras la muerte de Clemente IV.
La reforma que cambió la historia: nace el cónclave moderno
El prolongado interregno puso en evidencia la necesidad de regular de forma más estricta la elección papal. Como consecuencia directa, Gregorio X instituyó formalmente el sistema de cónclave (del latín cum clave, “con llave”), estableciendo el encierro obligatorio de los cardenales hasta que se alcanzara un acuerdo, una norma que sigue vigente hasta hoy.
Una lección de historia que marcó al Vaticano
El episodio que dejó a la Iglesia sin Papa durante casi tres años no solo fue una rareza histórica, sino también un punto de inflexión que reformó profundamente el proceso de elección pontificia. El cónclave eterno de Viterbo se convirtió en un ejemplo de cómo la política y la fe pueden chocar incluso en los recintos más sagrados.