“Una marejada ciclónica potencialmente mortal está afectando a la costa del golfo, mientras las peligrosas condiciones de huracán y las inundaciones repentinas se extienden hacia el interior”, indicó el organismo meteorológico en el boletín citado.
Los equipos de emergencia comenzaron a recorrer las localidades más afectadas para evaluar los daños, asistir a los damnificados y restablecer los servicios esenciales. Además de las cuatro víctimas fatales reportadas, el temporal dejó importantes destrozos en viviendas, caminos e infraestructura eléctrica.
Evacuaciones masivas
Uno de los principales problemas ocasionados por el paso del huracán fue la interrupción del suministro eléctrico. De acuerdo con los registros atribuidos al portal especializado PowerOutage.us, más de 471.000 usuarios permanecían sin electricidad en Florida y Alabama como consecuencia de los daños provocados por los fuertes vientos y las lluvias.
En distintos sectores, la caída de árboles y postes complicó la circulación de vehículos y dificultó el trabajo de los equipos de asistencia. Las autoridades también dispusieron evacuaciones preventivas en las áreas más expuestas a inundaciones y marejadas.
Antes del impacto, el gobernador de Florida, Ron DeSantis, había pedido a los habitantes que permanecieran en lugares seguros y evitaran circular por las rutas. “La tormenta ya está aquí. Ahora toca ponerse a resguardo. No salgan a las carreteras”, advirtió durante una conferencia de prensa.
Los fuertes vientos del huracán Isaías derribaron cables eléctricos en Navarre, Florida, y provocaron cortes de luz masivos en el sureste de Estados Unidos. (Foto: Reuters)
Alerta por otros dos huracanes en México y Estados Unidos
Mientras Florida comenzaba a evaluar las consecuencias del paso de Isaías, otros dos sistemas tropicales generaban preocupación en el océano Pacífico. El huracán Simón, de categoría 4, avanzaba hacia las costas mexicanas, lo que llevó a las autoridades a declarar la alerta roja en las zonas potencialmente afectadas.
En paralelo, Rachel amenazaba sectores del norte de México y del sur de California, en Estados Unidos, con vientos superiores a los 100 kilómetros por hora.
De acuerdo con los pronósticos atribuidos al Centro Nacional de Huracanes, ambos fenómenos presentaban trayectorias diferentes, por lo que sus posibles efectos debían evaluarse de manera independiente. Las autoridades recomendaron seguir los boletines oficiales de cada sistema para conocer los cambios de intensidad, desplazamiento y zonas bajo advertencia.