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Un mito que duró décadas

El misterio de los restos de Adolf Hitler, resuelto por una cajita forrada con un paño

El 30 de abril de 1945, el Führer se suicidó en su búnker ante la inminencia de la derrota de los nazis. Pero el destino final de sus restos fue motivo de polémicas durante décadas.
por Roberto Adrián Maidana | 28 de abril de 2023 - 14:08
El misterio de los restos de Adolf Hitler, resuelto por una cajita forrada con un paño

Los restos de Hitler, identificados gracias a sus piezas dentales (Foto: captura de TV).

"No permita que bajo ninguna circunstancia, mi cadáver o mis pertenencias caigan en manos de los rusos", fue una de las últimas indicaciones de Adolf Hitler a su ayudante personal, Heinz Linge, un joven oficial de las SS. El Führer ya daba por segura la caída de Berlín y la derrota de la Alemania nazi.

No estaba dispuesto a ser un trofeo de guerra de los vencedores. Por eso decidió suicidarse y que luego su cuerpo fuera incinerado junto con el de su esposa por un solo día, Eva Braun. Fue su amante y su pareja, pero Hitler tomó la decisión de que se casaran el día anterior a llevar a cabo lo que ya había decidido: morir juntos, en el búnker de la cancillería.

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En relación con el cadáver, hubo que esperar décadas para conocer la verdadera historia del destino final de los restos del dictador responsable de la muerte de 50 millones de personas durante la II Guerra Mundial. Seis millones de ellos, judíos asesinados en los campos de exterminio nazi.

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El final del Führer

El 16 de enero de 1945, Hitler ingresó por última vez al búnker que hizo construir primero y luego ampliar en los jardines de la cancillería, a unos 150 metros de la Puerta de Brandemburgo. Ya no saldría nunca más, al menos con vida. Permaneció allí hasta que decidió quitarse la vida ante la inminencia de la derrota.

El 29 de abril de ese año, en la madrugada, se casó con Eva Braun. Lo hizo como reconocimiento a su lealtad y cariño, ya que Hitler decía que "estaba casado solo con Alemania". Antes, le hizo explotar una cápsula de cianuro a su perra Blondi, un pastor alemán regalo de Martin Bormann. Le sirvió para probar la efectividad del veneno.

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Adolf Hitler, Eva Braun y Blondi, el pastor alemán del Führer (Foto: archivo).

Ese día despidió a las personas que estaban con él en el bunker. Solo permanecieron los más indispensables. Sus guardias, su secretario y Joseph Goebbles, su mujer Magda y sus 6 hijos.

El 30 de abril, ya con el ejército soviético a menos de un kilómetro de distancia del búnker y avanzando en el dominio total de Berlín, Hitler se suicidó. Por la tarde, los que permanecieron en el lugar, un refugio de concreto de 5 metros bajo la superficie, escucharon un disparo. El propio Linge ingresó al gabinete de Hitler y encontró a la pareja ya sin vida. Eva Braun había tomado la píldora de cianuro. Hitler estaba sentado en un sillón, con una pistola y sangre que le corría desde la sien derecha.

Luego vino el momento de cumplir la orden del Führer de no permitir que el enemigo encontrara sus restos. Había dejado reservada una cantidad de combustible para que sus cuerpos fueran incinerados. Así lo hicieron. Sacaron los cuerpos del búnker, cavaron una fosa en el jardín de la cancillería y les prendieron fuego. Luego taparon el pozo para que no fueran hallados. Pero la historia iba a ser otra.

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La fosa en el jardín de la Cancillería en Berlín, en donde enterraron a Hitler y a Eva Braun (Foto: captura de TV).

Los rusos encuentran dos cuerpos calcinados

Berlín estaba destruida por el bombardeo de los aliados. El ejército soviético controló toda la ciudad y comenzó la desenfrenada búsqueda de Hitler, cumpliendo una orden expresa de Josef Stalin.

Un grupo especial de agentes, al llegar a la cancillería, encontró algo inesperado: cuatro días después del suicidio, una bomba que había caído en ese lugar abrió una zanja y allí aparecieron dos cuerpos calcinados. Los revisaron, eran irreconocibles, pero dedujeron que podía ser lo que estaban buscando. Entonces tomaron unas piezas dentales que resistieron el fuego en el cuerpo más grande. La historia también habla del fragmento de un cráneo con un orificio de bala. Había que saber si era de Hitler.

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La ficha dental de Hitler (Foto: captura de TV).

El primer reconocimiento

Los soviéticos llevaron la pieza dental hasta el ayudante del odontólogo de Hitler. El Führer tenía aversión por los odontólogos y sus tratamientos, por lo que una vez le pidió que hiciera un solo trabajo y definitivo. El profesional recubrió las carencias con oro y realizó un puente en ese metal para sujetar las piezas la mayor cantidad de tiempo posible. Eso hizo un "dibujo" muy particular de su dentadura.

Los soviéticos también tomaron fotos de ese cuerpo calcinado. Compararon la dentadura hallada y las fotos con la ficha odontológica hecha por Johann Hugo Blaschke. Su secretaria, Katche Heusenmann, confirmó que se trataba de las piezas dentales de Hitler.

La noticia fue solo conocida por Stalin. Ni siquiera se lo dijo al Marsical Zukhov, el jefe de las tropas soviéticas que rubricó la rendición de Alemania firmada por el general Wilhelm Keitel. Mucho menos los norteamericanos, ingleses o franceses.

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El búnker en donde se suicidó Adolf Hitler el 30 de abril de 1945 (Foto: A24.com).

El misterio de los restos de Hitler, utilizado en la Guerra Fría

Stalin nunca reveló que sabía cómo había muerto el Führer, que localizaron dónde había sido enterrado y que habían confirmado su identidad gracias a esas piezas dentales. Ese secreto alimentó las más variadas historias y conspiraciones, que incluso hizo que personas aseguraran haberlo visto a Hitler en la Argentina (incluso con Eva Braun).

El propósito del dictador soviético era insinuar que los norteamericanos le habrían dado un salvoconducto y otra identidad en un acuerdo secreto. Así, desgastaba la imagen de posguerra de los Estados Unidos. Esa situación duró por décadas.

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La pequeña caja que guardó en secreto durante décadas la dentadura de Adolf Hitler (Foto: captura de TV).

Un anuncio mundial y una espera de 50 años

En 1953 murió Josef Stalin. La Unión Soviética, ya bajo el liderazgo de Nikita Krushchev, informó al mundo en 1955 que efectivamente habían logrado hallar el cuerpo de Hitler, analizarlo y determinar que eran efectivamente sus restos. Pero nunca ofrecieron ninguna prueba. El misterio seguía abierto en plena Guerra Fría. Habría que esperar casi 50 años de la muerte de Hitler para ver las pruebas realmente.

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Las piezas dentales, el puente de oro y el arreglo que se hizo hacer Adolf Hitler. La clave para reconocer su cadáver (Foto: captura de TV).

Con la caída del muro de Berlín, la "Glasnost" (transparencia) iniciada en su momento por Mijaíl Gorbachov hizo su aporte en el tema de los restos de Hitler.

Se permitió que equipos internacionales pudieran acceder por primera vez a esos restos celosamente guardados. Estaban en los archivos secretos de Moscú. Las piezas dentales estaban guardadas dentro de un estuche grande, en una pequeña caja forrada con un paño y una tapa transparente. Así permanecieron medio siglo.

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El particular "puente de oro" en la dentadura de Hitler (Foto: gentileza TF1).

Las piezas se verificaron una vez más, pero ya con el escrutinio mundial, con las técnicas más avanzadas a principio de los años 90. También se buscaron rastros de ADN o lo que pudiera dar otro tipo de confirmación.

La estructura del puente que sostenía los arreglos dentales de Hitler tenía una "huella única": una especia de arco de oro que cruzaba entre dos dientes para sostener una pieza arreglada. Eso quedó fijo para siempre en dos lugares: en la mandíbula de Hitler y en la ficha de su odontólogo. En 1990 se confirmó lo que los rusos escucharon en el consultorio del odontólogo, pero solo Stalin supo en 1945.

También se encontraron rastros compatibles con las marcas que deja el fuego propio de una cremación.

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En 2018, un equipo de forenses franceses, dirigido por Philippe Charlier, confirmó que las piezas dentales correspondían al cuerpo de Adolf Hitler (Foto: cuenta de Twitter de Charlier).

La prueba definitiva, en 2018

Esa última vez fue un equipo de forenses, dirigido por el francés Philippe Charlier, el que llegó a Moscú para una nueva investigación. Casi 30 años más tarde, los medios y la tecnología eran muy superiores a los de los 90. Charlier arribó a la misma conclusión que solo Stalin y unos soldados soviéticos supieron inicialmente.

El cuerpo calcinado encontrado en ese hueco abierto por una bomba en los jardines de la cancillería perteneció a Adolf Hitler. Prevaleció su arreglo dental para confirmarlo definitivamente.

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Las piezas dentales que permitieron identificar el cuerpo de Hitler (Foto: captura de TV).

Para dar por terminada la discusión y poner fin al misterio y las teorías de una supervivencia escondido con otro nombre, Charlier necesitó un mensaje muy breve: "#Hitler murió en 1945 en Berlín y sus restos se encuentran en Moscú".

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