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El trágico final del "Papa de la sonrisa" que sólo duró 33 días en el Vaticano

Pablo VI, sucesor de Juan XXIII, fue el encargado de terminar de moldear muchos de los avances de la Iglesia con el Concilio Vaticano II. Su sucesor, electo a pesar de su propia voluntad, encaró una serie de transformaciones, pero murió trágicamente.

por Roberto Adrián Maidana | 25 de abril de 2025 - 12:50
El trágico final del Papa de la sonrisa que sólo duró 33 días en el Vaticano

El papa Juan Pablo I, quien murió de manera trágica apenas 33 días luego de ser electo. (Foto: A24.com)

"Que Dios los perdone por lo que han hecho por mí", era el día 26 de agosto de 1978. En el segundo día, en la cuarta votación del cónclave, los cardenales eligieron al Italiano Albino Luciani, como el nuevo Papa (tras la muerte de Pablo VI). Era el patriarca de Venecia, un puesto importante en la Iglesia Católica. Sin embargo, el cardenal Luciani no deseaba ser ungido como el jefe absoluto de su Iglesia.

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Los diarios del mundo dieron la sorprendente noticia. 33 días luego de su elección, el papa Juan Pablo I murió en su habitación durante la noche. (foto: Corriere della Sera)

Pero se impuso rápidamente en apenas dos votaciones. Eligió como nombre "Juan Pablo I", como homenaje a Juan XIII y Pablo VI.

No quería ser Papa, pero aceptó y se propuso cumplir con su idea de siempre sobre la misión de la Iglesia: al servicio de los pobres. Comenzó de inmediato una investigación para "limpiar las causas vinculadas con manejos irregulares de los fondos vaticanos", que estaban controlados por el cardenal norteamericano Paul Marcinkus, un "monje negro".

"Ayer por la mañana vine a la Capilla Sixtina a una jornada tranquila. No imaginaba esto que me ha sucedido. Apenas ha comenzado el peligro para mí", escribió en una de sus cartas a su hermano, su principal confidente y consejero. Tuvo razón. Lo hallo muerto una monja cuando le llevó el desayuno a su recámara. Habían pasado solo 33 días desde que eligieron al "Papa de la Sonrisa".

A 47 años de ese episodio, las causas de su muerte siguen siendo uno de los grandes misterios vaticanos en la historia de los Papas.

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Albino Luciani o Juan Pablo I. El "papa de la sonrisa". Su papado fue de solo 33 días. (Foto: Gentileza Messaggero)

El cardenal que no quería ser Papa

"Y si resultara que me eligen a mí, contestaría: 'Lo lamento. No acepto'", era lo que le repetía a su hermano, familiares cercanos y amigos cuando se preparaba en Venecia para partir al cónclave de cardenales en 1978. Era italiano, patriarca de Venecia y 66 años, muy joven. Ideal para continuar la tarea pendiente del Concilio Vaticano II.

Pablo VI terminó la obra revolucionaria ideada por Juan XXIII, pero puso el freno en cuestiones que eran muy resistidas por los sectores más conservadores. El cardenal Luciani, con su compromiso por los pobres, podría terminar de dar el cambio lanzado por el "papa bueno". Pero no se consideraba apto para ser el continuador de Paulo VI, el vicario de Cristo.

Sin embargo, ya en la primera votación quedó claro que era un candidato muy fuerte. Tenía el apoyo de los que querían seguir la obra del Concilio, los progresistas, y los moderados para mantener el ritmo que imprimió Pablo VI.

En esa primera votación, Luciani comenzó a sufrir porque su propósito se desmoronaba. El "No" que llevó desde Venecia, era ya casi insostenible. Comprendió que tenía las mejores chances de ser él, siguiente Papa.

"Habemus Papam"

La Capilla Sixtina se selló por completo una vez que se proclamó "extra omnes" ("fuera todos", en latín). Solo permanecen los cardenales, enclaustrados hasta recibir la inspiración divina que les permita elegir al nuevo patriarca del Catolicismo. Hubo dos primeras votaciones que terminaron en una "fumata negra" . El humo negro que indica a los fieles en el exterior que aún no surgió el nombre del sucesor de la silla de Pedro.

Pero en el interior del cónclave, Luciani ganaba posiciones. Hubo una pausa y en el segundo día, la tercera votación fue igual a las anteriores. Sin embargo, en la cuarta el patriarca de Venecia superó ampliamente los dos tercios necesarios. Era la voluntad del Espíritu Santo: Luciani, ungido como el nuevo Papa.

La "fumata bianca" (humo blanco) emocionó a los fieles. Para ese entonces, Luciani, resignado, había convertido el "No" en "Sí" y eligió Juan Pablo como nombre para su pontificado. El primero de la historia en usar ese nombre compuesto.

La historia acomoda a su gusto las palabras. Al salir por primera vez al balcón de San Pedro, Juan Pablo I dijo: "Esta mañana fui al cónclave a votar tranquilamente, no imaginé nunca lo que me esperaba". El nuevo Papa reveló además el consejo que le dieron dos cardenales que estaban junto a él cuando fue proclamado.

  • "Uno me susurró: coraje. Pero Dios te dará la fuerza para llevar este peso".
  • "Otro me dijo: 'No tengas miedo. Afuera, una multitud reza por tí'".

Dentro del Vaticano, no todos oraron por el nuevo pontífice.

La lupa sobre las finanzas y el cardenal Marcinkus

Puesto a sanear las finanzas de la Iglesia y su imagen de transparencia, pidió un relevamiento completo de todo el funcionamiento vaticano. Sobre todo, las finanzas, para poner los recursos de la Iglesia en favor de los más humildes.

En esa serie de informes reapareció el viejo nombre de Paul Marcinkus, el rematador del banco del Veneto. Marcinkus ya tenía serios cuestionamientos por los manejos del IOR (el banco Vaticano). Juan Pablo I lo conocía bien porque por orden del cardenal norteamericano, se privatizó el banco con el que en Venecia, el cardenal Luciani hacía beneficencia.

Cuando tuvo el informe en su despacho, vio que, además, había contactos con la mafia, la logia P2 de Roberto Calvi. En el plano del pontificado y la predica del evangelio, Juan Pablo I quería seguir avanzando. Hasta hizo comentarios sobre las píldoras anticonceptivas, algo imperdonable para los sectores conservadores de la Iglesia.

En esas dos direcciones avanzó desde el comienzo de su papado. Renovación evangélica y las cuentas claras.

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El final, inesperado y precipitado

Juan Pablo I tenía tres personas de confianza. El padre Diego Lorenzi que lo acompañaba desde Venecia, y el padre John Magee, agregado a la secretaría pontificia. El tercero, como dijimos, su hermano Eduardo. Tras la muerte controvertida del papa de apenas 33 días, dijo: "Después de su elección como Pontífice, continuaba haciendo referencia al hecho que se iría muy pronto. Parecía que lo sabía con total seguridad”.

Es 27 de septiembre de 1978. El Papa repasa unas notas en su lecho antes de ir a dormir. Era el borrador de un discurso para el día siguiente. Tenía hasta sus lentes colocados para las anotaciones sobre el texto. Más tarde se fue a dormir.

Sor Vicenza Taffarel, una de sus asistentes, dejó una taza de café bien oscuro en la sacristía para que desayunara como hizo cada día de su papado. En la mañana del 28 de septiembre, la bandeja estaba intacta. Casi 50 años después no está claro si fue la monja o uno de sus secretarios que, ante la novedad del desayuno intacto ingresaron a la recámara.

Pero se sabe que hallaron a Juan Pablo I, muerto sobre su cama, con la misma ropa del día anterior y con almohadones bajo su espalda, la luz encendida, anteojos puestos y papeles en la mano.

El escritor David Yallop, en un libro llamado: "En nombre de Dios" sostiene que fue asesinado. El Papa era hipotenso y se le dio una medicación como "vasodilatador". ¿Para qué? El parte médico dice que sufrió un infarto durante la noche. Como sucede con los papas, no hubo autopsia.

La duda sigue hasta hoy. "El papa de la sonrisa", su actitud permanente, solo cumplió 33 días al frente de la Iglesia Católica. El cardenal Marcinkus, desplazado hasta entonces, volvió y cobró más poder con Juan Pablo II. Albino Luciani no quería ser Papa. Pero Juan Pablo I, en solo 33 días sacudió a la estructura de la curia como continuador del Concilio Vaticano II.

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