A 47 años de ese episodio, las causas de su muerte siguen siendo uno de los grandes misterios vaticanos en la historia de los Papas.
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Albino Luciani o Juan Pablo I. El "papa de la sonrisa". Su papado fue de solo 33 días. (Foto: Gentileza Messaggero)
El cardenal que no quería ser Papa
"Y si resultara que me eligen a mí, contestaría: 'Lo lamento. No acepto'", era lo que le repetía a su hermano, familiares cercanos y amigos cuando se preparaba en Venecia para partir al cónclave de cardenales en 1978. Era italiano, patriarca de Venecia y 66 años, muy joven. Ideal para continuar la tarea pendiente del Concilio Vaticano II.
Pablo VI terminó la obra revolucionaria ideada por Juan XXIII, pero puso el freno en cuestiones que eran muy resistidas por los sectores más conservadores. El cardenal Luciani, con su compromiso por los pobres, podría terminar de dar el cambio lanzado por el "papa bueno". Pero no se consideraba apto para ser el continuador de Paulo VI, el vicario de Cristo.
Sin embargo, ya en la primera votación quedó claro que era un candidato muy fuerte. Tenía el apoyo de los que querían seguir la obra del Concilio, los progresistas, y los moderados para mantener el ritmo que imprimió Pablo VI.
En esa primera votación, Luciani comenzó a sufrir porque su propósito se desmoronaba. El "No" que llevó desde Venecia, era ya casi insostenible. Comprendió que tenía las mejores chances de ser él, siguiente Papa.
"Habemus Papam"
La Capilla Sixtina se selló por completo una vez que se proclamó "extra omnes" ("fuera todos", en latín). Solo permanecen los cardenales, enclaustrados hasta recibir la inspiración divina que les permita elegir al nuevo patriarca del Catolicismo. Hubo dos primeras votaciones que terminaron en una "fumata negra" . El humo negro que indica a los fieles en el exterior que aún no surgió el nombre del sucesor de la silla de Pedro.
Pero en el interior del cónclave, Luciani ganaba posiciones. Hubo una pausa y en el segundo día, la tercera votación fue igual a las anteriores. Sin embargo, en la cuarta el patriarca de Venecia superó ampliamente los dos tercios necesarios. Era la voluntad del Espíritu Santo: Luciani, ungido como el nuevo Papa.
La "fumata bianca" (humo blanco) emocionó a los fieles. Para ese entonces, Luciani, resignado, había convertido el "No" en "Sí" y eligió Juan Pablo como nombre para su pontificado. El primero de la historia en usar ese nombre compuesto.
La historia acomoda a su gusto las palabras. Al salir por primera vez al balcón de San Pedro, Juan Pablo I dijo: "Esta mañana fui al cónclave a votar tranquilamente, no imaginé nunca lo que me esperaba". El nuevo Papa reveló además el consejo que le dieron dos cardenales que estaban junto a él cuando fue proclamado.
- "Uno me susurró: coraje. Pero Dios te dará la fuerza para llevar este peso".
- "Otro me dijo: 'No tengas miedo. Afuera, una multitud reza por tí'".
Dentro del Vaticano, no todos oraron por el nuevo pontífice.
La lupa sobre las finanzas y el cardenal Marcinkus
Puesto a sanear las finanzas de la Iglesia y su imagen de transparencia, pidió un relevamiento completo de todo el funcionamiento vaticano. Sobre todo, las finanzas, para poner los recursos de la Iglesia en favor de los más humildes.
En esa serie de informes reapareció el viejo nombre de Paul Marcinkus, el rematador del banco del Veneto. Marcinkus ya tenía serios cuestionamientos por los manejos del IOR (el banco Vaticano). Juan Pablo I lo conocía bien porque por orden del cardenal norteamericano, se privatizó el banco con el que en Venecia, el cardenal Luciani hacía beneficencia.
Cuando tuvo el informe en su despacho, vio que, además, había contactos con la mafia, la logia P2 de Roberto Calvi. En el plano del pontificado y la predica del evangelio, Juan Pablo I quería seguir avanzando. Hasta hizo comentarios sobre las píldoras anticonceptivas, algo imperdonable para los sectores conservadores de la Iglesia.
En esas dos direcciones avanzó desde el comienzo de su papado. Renovación evangélica y las cuentas claras.
El final, inesperado y precipitado
Juan Pablo I tenía tres personas de confianza. El padre Diego Lorenzi que lo acompañaba desde Venecia, y el padre John Magee, agregado a la secretaría pontificia. El tercero, como dijimos, su hermano Eduardo. Tras la muerte controvertida del papa de apenas 33 días, dijo: "Después de su elección como Pontífice, continuaba haciendo referencia al hecho que se iría muy pronto. Parecía que lo sabía con total seguridad”.
Es 27 de septiembre de 1978. El Papa repasa unas notas en su lecho antes de ir a dormir. Era el borrador de un discurso para el día siguiente. Tenía hasta sus lentes colocados para las anotaciones sobre el texto. Más tarde se fue a dormir.
Sor Vicenza Taffarel, una de sus asistentes, dejó una taza de café bien oscuro en la sacristía para que desayunara como hizo cada día de su papado. En la mañana del 28 de septiembre, la bandeja estaba intacta. Casi 50 años después no está claro si fue la monja o uno de sus secretarios que, ante la novedad del desayuno intacto ingresaron a la recámara.
Pero se sabe que hallaron a Juan Pablo I, muerto sobre su cama, con la misma ropa del día anterior y con almohadones bajo su espalda, la luz encendida, anteojos puestos y papeles en la mano.
El escritor David Yallop, en un libro llamado: "En nombre de Dios" sostiene que fue asesinado. El Papa era hipotenso y se le dio una medicación como "vasodilatador". ¿Para qué? El parte médico dice que sufrió un infarto durante la noche. Como sucede con los papas, no hubo autopsia.
La duda sigue hasta hoy. "El papa de la sonrisa", su actitud permanente, solo cumplió 33 días al frente de la Iglesia Católica. El cardenal Marcinkus, desplazado hasta entonces, volvió y cobró más poder con Juan Pablo II. Albino Luciani no quería ser Papa. Pero Juan Pablo I, en solo 33 días sacudió a la estructura de la curia como continuador del Concilio Vaticano II.