Sin embargo, su madre nunca reconoció que fuera su hija pero formaba parte de un ritual. Todas las noches, ella le cambiaba los vestidos de novia al maniquí. Eran movimientos que tenía automatizados. Así lo hizo hasta 1967, cuando falleció y ya nadie podía tocar el maniquí.
En el local hubo cambios de dueños pero se mantuvo una postal que ya nunca cambió: Pascualita siguió en el mostrador de La Popular. Ella forma parte del paisaje y se volvió uno de los grandes atractivos de la ciudad.
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Pascuala Esparza quiso preservar el cuerpo de su hija.
Cuando falleció, Esparza Perales de Pérez dejó un legado, un par de instrucciones vitales para cuidar al maniquí: nunca debían retirarlo de la vidriera y siempre sería alguien de la familia quien le cambiaría el vestido de novia cada noche. Eso sí, en ese momento se tapaba la vidriera para que nadie pudiera ser testigo de ese ritual.
El día que la policía pidió que entreguen el maniquí
Todo tomó tal dimensión que la policía llegó hasta la tienda y ordenó la entrega del maniquí. El motivo era que no era legal “tener un cadáver en exposición”.
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La comunidad de Chihuahua tomó la decisión de que Pascualita está lejos de ser una historia de terror. Es algo que deben cuidar y conservar.
Los dueños de la tienda intentaron diferentes medidas legales para evitar que el maniquí se fuera de la tienda. Finalmente, la Justicia llegó a examinar el rostro del maniquí pero no el resto del cuerpo, que siempre estuvo envuelto en varias sábanas.
¿Qué dictaminaron los exámenes de los forenses? Nunca confirmaron si el rostro del maniquí era humano. De todos modos, sí certificaron que tenía materiales de embalsamado. Para tranquilidad de los dueños, Pascualita permanece siempre en la vidriera con un reluciente vestido.
La comunidad de Chihuahua tomó la decisión de que Pascualita está lejos de ser una historia de terror. Simplemente es una obra que está intacta y que la deben cuidar. En la ventana detrás de la cual se coloca el maniquí, se muestran con mucho orgullo las palabras: "La casa de Pascualita".
La leyenda popular cuenta que si una mujer pasa por la tienda el día su casamiento y si compra el vestido que ese maniquí lleva puesto, le traerá buena suerte en todo el matrimonio.