Si el comentario revelado por el Financial Times es cierto, no hace más que demostrar la habilidad de la diplomacia china en este complejo contexto internacional. China solucionó una disputa de 18 meses en la “batalla comercial” con Trump durante su primer gobierno. También salió bien parada de los “nuevos aranceles” que Trump impuso al inicio de esta segunda presidencia. Además, no se involucró con armas ni con pronunciamientos claros a favor de Rusia en la guerra de Ucrania, ni de Irán cuando fue atacado por Israel y por los Estados Unidos.
Siempre quedó por afuera, apostando por una solución pacífica de los conflictos. Toda la energía de sus reclamos está puesta, por parte de Xi Jinping, en la situación de Taiwán. Ahí sí no hay medias tintas. La paz en esa zona del mundo depende, para Beijing, de que Taiwán vuelva a manos chinas. Mientras tanto, Putin enfrenta la posibilidad de arrepentirse de la guerra que inició hace cuatro años en Ucrania.
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