Este sábado, Macrón intentó mantener el control a través de una represión que sólo los franceses han podido ver.
Este sábado, Macrón intentó mantener el control a través de una represión que sólo los franceses han podido ver.
A pesar de las medidas a fin de “prevenir la violencia del sábado pasado”, tales como militantes armados en las estaciones, cierre de negocios y museos, y una publicidad gigantesca, más de 10.000 personas salieron ayer a las calles de Paris, y unas 125.000 alrededor de toda Francia.
En la capital, se realizaron diferentes manifestaciones donde los “chalecos amarillos” fueron sus principales protagonistas, aunque no todas fueran violentas. En plaza de la República, los parisinos marcharon pacíficamente contra el cambio climático y la justicia social.
También, los jóvenes protestaron contra el aumento de la matrícula para los estudiantes universitarios de países fuera de la Unión Europea, y otras reformas educativas.
Por el contrario, 1.400 personas fueron arrestadas. Los manifestantes fueron reprimidos violentamente, a pesar de la gran mayoría haber sido espectadores de las protestas.
Ante el miedo, los ciudadanos corrían desesperados por las calles de Paris, al ser perseguidos por policías con gases lacrimógenos y granadas. Según el testimonio de un joven, la policía lo mantuvo detenido por 24 horas, junto con sus cinco compañeros, solo por tener carteles que incitaban contra Macrón. Además, mientras estuvieron en la comisaría, fueron maltratados con comentarios sexistas y homofóbicos.
Así, el día de ayer las calles parisinas fueron un ambiente de caos, resemblando una guerra civil. Muchos de sus ciudadanos creen que la violencia no hubiera sucedido así, de haber tomado medidas menos opresivas.
Hoy en día, el 85% de los franceses se encuentran en contra del gobierno, y son cada vez más los que apoyan a los “chalecos amarillos”. En pocas semanas, se han convertido en un símbolo de lucha y disconformidad social.