La capital francesa fue uno de los principales escenarios de las movilizaciones. Según la prefectura de Policía, 110.000 personas participaron de la marcha en París, mientras que la Confederación General del Trabajo (CGT) elevó la cifra a 250.000 manifestantes.
Por razones de seguridad, las autoridades modificaron a último momento el recorrido previsto. En lugar de comenzar en la histórica plaza de la Bastilla, la concentración se trasladó hacia una zona cercana a la autopista periférica.
La manifestación terminó en la puerta de Vincennes, al sureste de la ciudad, donde se produjeron incidentes cuando un grupo de participantes comenzó a arrojar objetos contra los agentes. La Policía respondió con cañones de agua para dispersar a los manifestantes.
El operativo de seguridad informado por las autoridades incluyó unos 70.000 efectivos, unidades especiales, soldados de la misión Sentinelle, vehículos blindados, helicópteros y patrullas desplegadas en puntos estratégicos.
El Palacio del Elíseo y la Asamblea Nacional permanecieron bajo una estricta vigilancia, con blindados de la Gendarmería apostados en sus inmediaciones. El temor a nuevos saqueos también alteró la actividad comercial y cultural de París. Numerosos comerciantes protegieron sus vidrieras con tablones de madera, mientras que otros optaron por mantener cerrados sus establecimientos.
La preocupación estuvo vinculada con los incidentes de la semana anterior, cuando casi 3.000 comercios resultaron afectados en todo el territorio francés. Además, importantes espacios culturales, como los museos del Louvre, Orsay y Picasso, junto con la Ópera de París, cerraron excepcionalmente como medida preventiva.
Miles de personas protestan en Francia contra el costo de vida. (Foto REUTERS)
Los reclamos contra Macron y el regreso de los chalecos amarillos
Las manifestaciones reunieron principalmente a jóvenes, estudiantes y trabajadores que cuestionaron las políticas económicas del gobierno francés. En las calles de París se observaron pancartas con consignas como "Macron, al rincón" y "No esperábamos nada y aun así estamos decepcionados".
También se escucharon cánticos que exigían la renuncia del presidente francés y cuestionaban el accionar de las fuerzas policiales. Uno de los sectores que encabezó las movilizaciones fue el movimiento de los chalecos amarillos, que había protagonizado una extensa ola de protestas durante el primer mandato de Macron, entre 2018 y 2019.
Los manifestantes volvieron a denunciar el deterioro del poder adquisitivo y rechazaron lo que consideran una "deriva autoritaria" del gobierno, especialmente por las restricciones impuestas a las concentraciones públicas. Por su parte, las autoridades responsabilizaron por los episodios violentos de la semana anterior a grupos de ultraizquierda, sectores anarquistas y personas que, según el gobierno, aprovecharon las protestas para cometer saqueos.
En toda Francia hubo masivas protestas este sábado contra el aumento del costo de vida. (Foto: REUTERS)
Francia se prepara para nuevas protestas y una huelga general
Lejos de dar por terminado el conflicto, el movimiento de los chalecos amarillos anunció una nueva jornada de movilizaciones para el próximo sábado. La convocatoria se produjo después de dos fines de semana consecutivos de manifestaciones multitudinarias. Durante la semana anterior, las concentraciones habían reunido entre 550.000 y 800.000 personas, según las estimaciones difundidas.
A su vez, las principales centrales sindicales convocaron una huelga general para el 5 de noviembre, en rechazo a las respuestas del gobierno frente a los reclamos económicos y sociales. El dirigente de la izquierda radical Jean-Luc Mélenchon también aumentó la presión sobre Macron y le pidió que "ceda" ante las demandas de los manifestantes.
En medio de este escenario, el Ejecutivo francés tiene previsto anunciar el lunes una serie de medidas destinadas a los estudiantes de los liceos, uno de los sectores que protagonizaron las protestas.