De pronto, junto a Adrián, apareció de la nada una ballena jorobada. Un cetáceo tan grande que puede medir hasta 22 metros de largo. En la superficie, abrió su enorme boca y se lo tragó. Ante el estupor de su padre, que afortunadamente nunca dejó de grabar (si no, quién le creería semejante historia a los Simancas). Menos mal que era una ballena y no una orca. Las ballenas se alimentan de pequeños organismos, no son carnívoras como las orcas.
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La secuencia de la ballena que se traga a un joven y su kayak y luego lo libera al mar. (Foto: Captura de TV)
Entonces, el "cautiverio" de Adrián duró muy poco tiempo. La ballena, mientras seguía nadando, lo devolvió al mar, sano y salvo. Hasta el kayak inflable seguía flotando en el agua.
Allí se empieza a escuchar al padre, Dell, anestesiólogo, como le habla a su hijo con calma: "Tranquilo, no te pongas nervioso. Tranquilo", le dijo y le dio una instrucción precisa: "Tómate del bote, no te subas y ven hacia aquí. Tranquilo, que voy a buscarte".
Adrián siguió al pie de la letra, lo que le indicaron, mientras de fondo, quedó en el registro de la cámara la ballena nadando lentamente, como observando lo que sucedía. No era su menú. Padre e hijo se reunieron en el medio del mar. Con Adrián agarrado a su bote con una mano y con otra, sujeto a la "cuerdita" que le lanzó su padre.
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Jonás y la ballena, el pasaje bíblico en un cuadro de Peter Brueghel, "el viejo". (Foto: Museo Alte Pinakothek de Múnich)
Un moderno Jonás chileno
El relato bíblico aparece en el Antiguo Testamento, en el libro de Jonás, y luego reaparece en el nuevo testamento bíblico, en el evangelio según San Mateo. Dios le dio un encargo a Jonás. Debe ir a la ciudad de Nínive a predicar contra su maldad, decirle que si no se arrepienten sus ciudadanos serán destruidos.
No sólo no cumple con el mandato divino. Se embarca y navega en la dirección contraria. Se levanta una tormenta y los marineros comienzan a implorar a sus dioses para que amaine. Como no sucede, creen que uno de ellos despertó la ira suprema. Jonás revela que no cumplió con lo que Dios le pidió, por lo que los demás lo arrojan al agua. El Antiguo Testamento dice que la tormenta cesó.
Mientras Jonás se hundía, se arrepintió y rezó a Dios para que no lo dejara morir ahogado. Entonces, apareció una ballena que se lo tragó y lo mantuvo en su interior durante tres días y sus noches. Como Jonás estaba arrepentido de corazón, Dios hizo que la ballena lo llevara hacia la costa y lo liberara. Jonás, ahora sí, estaba listo para ir a Nínive.