"Restablecer previsibilidad y estabilidad en la relación bilateral". A priori, ese es el máximo objetivo posible en la primera cumbre frente a frente de Joe Biden y Vladimir Putin. La definición corresponde a la vocera de la Casa Blanca, Jen Psaki.

Vladimir Putin y Joe Biden, en el saludo protocolar que marca la cumbre entre ambos líderes en Ginebra, Suiza (Foto: AP).
"Restablecer previsibilidad y estabilidad en la relación bilateral". A priori, ese es el máximo objetivo posible en la primera cumbre frente a frente de Joe Biden y Vladimir Putin. La definición corresponde a la vocera de la Casa Blanca, Jen Psaki.
Un clima de tensión es la nota característica de la reunión en Ginebra, Suiza. Ambos lideres se encuentran casi con un único punto de acuerdo: es el momento más bajo de la relación bilateral desde el final de la Guerra Fría. Cualquier acuerdo, por mínimo que sea, representará un avance.
El presidente norteamericano llega con una recarga política a la cumbre. Estuvo la semana pasada "regenerando" la alianza con los países europeos, postergados durante la administración de Donald Trump. Participó de la cumbre del G7 en Cournualles, Gran Bretaña. Allí, Biden tuvo un gesto muy claro con el país anfitrión. Participo de un té con la reina Isabel II en su casa, el palacio de Windsor.
La reina es la representante del Reino Unido, por encima del poder político, hoy en manos de Boris Johnson. Más allá del Brexit, Gran Bretaña es Europa y aliada en la OTAN.
También estuvo en el encuentro de la alianza del Atlántico Norte, con su lema preferido para la política internacional: "America is back" (Estados Unidos está de regreso). Claro contraste con la acción unilateral de Trump.
Hace dos días, desde Europa, el presidente Biden envió por Twitter un mensaje muy claro, sobre su visión del poder de la democracia.
"La democracia prospera cuando la infraestructura de la democracia es sólida; cuando las personas tienen derecho a votar libre, justa y convenientemente; cuando una prensa libre e independiente persigue la verdad; cuando la ley se aplica por igual a todos, independientemente de quiénes sean o cómo se vean".
Una definición de su estilo para las relaciones internacionales. La cooperación está muy bien, pero detrás debe prevalecer la calidad de las formas de gobierno en cada país.
En este punto, las diferencias entre Rusia y los Estados Unidos son muy notorias y fuente de conflictos.
Putin lleva más de 20 años en el poder. Ha manejado férreamente a su país. Casi como en la época de la Unión Soviética. Incluso su ultimo y gran cambio institucional, la reforma de la Constitución, salió sin ningún tipo de inconvenientes o demoras: tiene el camino libre para permanecer en el poder otros 15 años más. Hasta el año 2036.
Rusia tiene varios objetivos claros. Mantener o incrementar su influencia en Medio Oriente. Apoyando cuanto país entra en algún grado de conflicto con los Estados Unidos. También se ofrece como alternativa tecnológica entre los norteamericanos y el otro gigante mundial, China.
Es la gran puerta que se abrió para Rusia durante la pandemia. Su provisión de vacunas Sputnik V, la primera en tener una aprobación en el mundo (del Kremlin, obviamente). Comenzó un proceso para llevar su fármaco a todo el planeta -incluida la Argentina- como parte de su objetivo de recomponer y ampliar su influencia en todos los continentes.
Que tuvo un fuerte impacto, sumado a la acción china con las vacunas, lo demuestra la reacción norteamericana de donar millones de vacunas a la inciativa Covax.
De todos modos, la Unión Europea aún no aprueba la aplicación de la vacuna rusa. Tampoco la OMS. Mientras, El Kremlin define a Ucrania y Bielorrusia como países de influencia directa. En Ucrania, con tanques y acciones bélicas, que costó derribar a un avión comercial. Bielorrusia, en manos del dictador Lucaschenko, es un aliado directo de Putin.
Trump se vio envuelto en la acusación de un espionaje ruso que lo favoreció en la elección de 2016 - con cuentas de Hillary Clinton - y con intentos similares en la de 2020, que finalmente llevó a Biden a la presidencia.
A propósito de esta situación, en una entrevista por TV, el pasado mes de marzo, Biden fue tajante con su contrapartida ruso. En un momento de la nota, ante una pregunta del periodista, el mandatario dijo que Putin es un asesino. Recordó que lo trató cuando era el vicepresidente de Barack Obama y que lo conoce muy bien. "Y Putin lo sabe", apuntó.
El líder del Kremlin respondió tajante: "El que lo dice, lo es".
Otra línea divisoria de aguas. La Casa Blanca repite su exigencia de libertad para Aleksei Navalny, el principal opositor político a Putin. Fue envenenado en 2020 en Siberia. En Alemania lograron salvarle la vida. Regresó a Moscú meses después y quedó detenido y enfrenta un proceso judicial. Sobre él, Putin le dijo a un periodista de la NBC : "Tiene el mismo trato que cualquier otro detenido". Jamás quiso nombrar personalmente a Navalny.
Es la otra nota con que Biden ha machacado desde que llegó al Salón Oval. La tolerancia de Donald con gobiernos autoritarios ha quedado atrás. Ahora, democracia o autoritarismo divide las opciones para la política internacional de los Estados Unidos.
La cumbre durará cuatro horas. No se espera una conferencia conjunta de ambos líderes. Como en toda cumbre, los gestos también hablan del fondo de las reuniones.