El problema para las comunidades se ha agravado con la llegada de mineros ilegales desde el año pasado y el aumento de la deforestación que trae como consecuencia la contaminación de los ríos con mercurio, propiciando la desnutrición y otras enfermedades. Según un informe publicado por la Asociación Hutukara Yanomami, la minería ilegal se expandió un 30% en 2020 en las tierras yanomami.
A este ritmo también se multiplicaron los casos de malaria. Solo este año se identificaron 10.000 contagios, lo que corresponde a algo más de un tercio de toda la población yanomami.