Salud sexual y reproductiva

La pandemia deja 1,4 millones de embarazos no deseados

Es porque se derivaron recursos para frenar la pandemia, se restringió la movilidad y bajó la producción de anticonceptivos.
por Corresponsal de IPS | 16 de abril de 2021 - 14:52
Mujeres ante un puesto de atención del Fondo de Población de las Naciones Unidas. La covid-19 dificultó el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva para millones de mujeres en los países en desarrollo

Mujeres ante un puesto de atención del Fondo de Población de las Naciones Unidas. La covid-19 dificultó el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva para millones de mujeres en los países en desarrollo, lo que se tradujo en embarazos no deseados. Foto: Olivier Girard/UNFPA

La crisis de la covid-19 dejó a 12 millones de mujeres en 115 países en desarrollo sin servicios de control de la natalidad y el saldo fue de 1,4 millones de embarazos no deseados, indicó un informe del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).

La desviación de recursos para atender la emergencia sanitaria desatada por el coronavirus, así como las restricciones de movimiento impuestas para detener los contagios, derivaron en la pérdida de acceso a los servicios de control de la natalidad, según el informe.

Los datos del UNFPA indican que en los 115 países de renta media y baja estudiados la atención de salud sexual y reproductiva se interrumpió una media de 3,6 meses, mientras los sistemas sanitarios no daban abasto para atender los casos de covid en el marco de medidas de confinamiento y cierre de actividades.

Junto con el desbordamiento de los servicios sanitarios, las interrupciones en las cadenas de suministros provocaron en algunos casos un agotamiento de las existencias de anticonceptivos o medicamentos, según el reporte.

“Los embarazos no se detienen por la pandemia o por las crisis. Debemos asegurarnos de que las mujeres y las niñas tengan acceso ininterrumpido a anticonceptivos que salvan vidas y a medicamentos para la salud materna”: Natalia Kanem.

Entre miles de casos, el UNFPA mostró el de Maya Bohara, de 32 años, del municipio Dasharathchand, en Nepal, quien utilizó anticonceptivos inyectables durante nueve años. Se había casado a los 17, a los 24 tenía cuatro hijos, y ella y su marido ya entonces pensaron que eran suficientes.

Pero cuando Maya visitó en junio de 2020 su cercano centro de salud en ese país enclavado en los Himalayas, para recibir una inyección, «no tenían existencias de anticonceptivos. Desde entonces estaba permanentemente preocupada por un posible embarazo no deseado”, narró.

Quedó embarazada poco tiempo después de perder la inyección y su quinto bebé nació el pasado 25 de febrero. “Es muy querido”, admitió con firmeza, pero reconoce que las circunstancias de vida son más precarias que antes de tenerlo.

Las consecuencias del aumento de los embarazos no deseados no son solo económicas, pues también están relacionadas con el aumento de la morbilidad y la mortalidad maternas, así como con el aumento del número de abortos inseguros.

La directora ejecutiva del UNFPA, Natalia Kanem, afirmó que el impacto devastador de la pandemia en la vida de millones de mujeres y niñas subraya la importancia de garantizar la continuidad de los servicios de salud reproductiva.

“Los embarazos no se detienen por la pandemia o por las crisis. Debemos asegurarnos de que las mujeres y las niñas tengan acceso ininterrumpido a anticonceptivos que salvan vidas y a medicamentos para la salud materna”, dijo Kanem.

Sin embargo “el resultado pudo ser peor”, según Kanem, pues en abril de 2020, mientras avanzaba la covid, el UNFPA y sus socios estimaron que la inminente suspensión de servicios podría dejar hasta 44 millones de mujeres sin acceso.

Recordó que al declararse la pandemia, la agencia advirtió que la continencia amenazaba las cadenas de producción y suministro de anticonceptivos, y trabajó con gobiernos, sociedad civil y el sector privado para mitigar el embate.

El UNFPA es el mayor comprador de anticonceptivos para los países del Sur en desarrollo.

El Fondo consiguió financiamiento anticipado de los gobiernos, añadió más proveedores a su lista y supervisó los niveles de inventario mundial, transfiriendo los excedentes de existencias a países con necesidades urgentes, entre otras medidas.

Tras adquirir los anticonceptivos y otros suministros de salud reproductiva, además de equipo de protección personal para los trabajadores sanitarios, el UNFPA pudo entregar esta asistencia a millones de mujeres.

Esa tarea incluyó el uso de una aplicación de transporte para entregar los anticonceptivos, la difusión de información por medio de mensajes de texto telefónicos y la utilización de los centros de cuarentena de algunos países para dar servicios de planificación familiar.

Afortunadamente, según Kanem, “la comunidad internacional se unió para mitigar el peor de los casos”.

“Desde los gobiernos hasta los fabricantes y los proveedores de atención médica, las cadenas de suministro de anticonceptivos modernos han demostrado su capacidad de recuperación y, en gran medida, se recuperaron de los desabastecimientos que vimos en los primeros días de la pandemia”, agregó.

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