El secuestrador contó entonces con horas extras para pensar eventuales estrategias y seguir adelante con un plan que imaginó durante meses.
La policía terminó de convencerse de la verdad del reclamo desesperado de Brigitte Sirny (madre de Natascha) con un testimonio clave: una persona llegó a la policía para contar que había visto que a la niña meterse en una van, justamente, de color blanca.
También dijeron que en la patente vieron las letras G o GF (de Ganserndorf, en la Baja Austria) . Se llevaron a cabo intensas búsquedas en esa zona, pero sin éxito.
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El secuestrador tenía una casa paralela montada en el sótano de su hogar, a la que se accedía por una escalera y la puerta de una heladera. (Foto: Capturas de TV)
El captor, mucho más cerca de lo esperado
Wolfgang Priklopil planeó durante mucho tiempo que haría. Incluso diagramó con precisos dibujos cómo sería la zona de su casa en la que mantuvo cautiva a la niña, a 30 km. del hogar materno de Natascha.
La policía llegó hasta su hogar por el único dato que tenía. Investigaron a todos los propietarios de las camionetas blancas de esa zona de Austria. Con total tranquilidad, el secuestrador enfrentó a los agentes. Les dijo que estaba enterado de la desaparición de Natascha, incluso que buscaban una van como la suya.
Pero, sin inmutarse, les dijo que cuando sucedió ese episodio, él no había salido de su hogar, a 30 kilómetros de donde había ocurrido el secuestro. Además, no tenía antecedentes penales.
Así, el secuestrador Priklopil quedó fuera de las sospechas policiales para siempre.
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La camioneta en que la secuestraron, las fotos por su paradero y la casa de la que logró escapar tras 8 años de cautiverio. (Foto: Capturas de TV)
El lugar del horror durante 10 años
Priklopil se manifestó como admirador de Adolf Hitler. En 2006, tenía 36 años. Natascha, solo 10. Igual, decidió secuestrarla. Los dibujos sobre como reacondicionar su casa y transformar el sótano en una guarida ya estaban listos. Entonces actuó y se apoderó de ella cuando iba a la escuela.
La llevó envuelta en una manta al sótano de su casa. Allí la dejó, pese a sus llantos y súplicas. Comenzó un calvario que duraría más de 8 años. Exactamente, 3096 días.
La niña se convirtió en mujer estando cautiva. En un momento hasta le tuvo que comunicar a su secuestrador que ya tenía períodos menstruales.
Mientras tanto, su madre, la seguía buscando a ciegas: jamás hubo otra pista que aquella van de color blanca.
A Natascha, el secuestrador le jugó otra carta fundamental para alimentar su atrocidad. Ella suplicaba que lo dejara en libertad, porque su madre debía estar muy preocupada.
Mientras fue una niña, Priklopil usaba una argumento que resultaba efectivo: "No te quiere, porque si te quisiera habría pagado el rescate que pedí". Una burda mentira, porque el pervertido secuestrador jamás pidió rescate alguno.
"Si hay chance de escapar, tiene que ser desde adentro"
Con el tiempo, una Natascha adolescente se convenció de que era ella quien debía elaborar su liberación. En un momento, cambió su relación o trato con el secuestrador, como si el "síndrome de Estocolmo" estuviera nuevamente presente.
Pero Natascha no estaba enamorado de su secuestrador. Debió soportar durante años abusos de todo tipo. Con eso, logró un pequeño privilegio, que sería la llave para la libertad: Natascha logró que Priklopil bajara el nivel de encierro. Le permitía, cada tanto, salir del sótano, subir la escalera tapada por el piso de la cocina y estar por unos momentos al aire libre en el fondo de la casa.
El secuestrador la vigilaba todo el tiempo y tenía una serie de protecciones para que nadie pudiera verla. Pero una vez su secuestro aberrante casi queda al descubierto.
Él siguió con su vida habitual. Usaba la camioneta para reparto de cosas, básicamente de material de construcción. Eso le servía para hacer "arreglos" en el subsuelo convertido en prisión sin que nadie sospechara nada.
También recibía periódicas visitas de su madre. Un vez, la mujer le preguntó si tenía una novia. La pregunta lo desconcertó. Su madre, tomó un cabello rubio que estaba enredado en su pulóver. Era de Natascha. Su historia tétrica estuvo a punto de desmoronarse.
Pero poco después llegó el momento que tanto esperó Natascha. En uno de sus momentos de "esparcimiento en el parque del fondo", su secuestrador se distrajo con unas tareas en el interior de la casa.
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"3096". Natascha Kampusch tomó la cantidad de días que estuvo secuestrado para el título del libro en el que contó su tragedia personal . (Foto: A24.com)
Fue el momento indicado. Único.
Natascha aprovechó y saltó la división con el lote vecino. Corrió hasta la casa más cercana y se presentó de sopetón ante la vecina a quien en dos palabras le dijo quién era. Allí cambió su vida. Comenzó un largo período - hasta hoy - para intentar recuperar algo que se parezca a la normalidad.
El secuestrador comprendió al instante lo que le sobrevendría. No dudo y se suicidó cuando vio que su victima, durante más de 8 años, había logrado ser libre.
Fueron 3096, días de cautiverio. Ese número, es el título del libro en el que relata todo su calvario.