Un hombre lleno de inocencia
"La deformidad que exhibo ahora se debe a que un elefante asustó a mi madre; ella caminaba por la calle mientras desfilaba una procesión de animales. Se juntó una enorme multitud para verlos y, desafortunadamente, empujaron a mi madre bajo las patas de un elefante. Ella se asustó mucho. Estaba embarazada de mí, y este infortunio fue la causa de mi deformidad". Así explicó Merrick, lleno de inocencia, en su autobiografía, el porqué de su enfermedad.
Una de las personas que más lo ayudó en su vida fue Frederick Treves, un cirujano de Londres y especialista en diferentes patologías extrañas. Fue el encargado de analizar la anatomía de Merrick y también le consiguió un cuarto para que pueda vivir sus últimos años. El médico llegó a describirlo como “el espécimen más raro que jamás hubiera visto”. Sin embargo, Treves miró más allá y descubrió en Merrick su verdadera humanidad, esas que pocos llegaron a conocer.
La difícil tarea de llegar a un diagnóstico
Alcanzar el verdadero diagnóstico de la enfermedad de Merrick fue un teorema de difícil resolución que llevó hasta más de 100 años después de su muerte. Por ejemplo, los especialistas llegaron a debatir distintas posibilidades como la neurofibromatosis, un trastorno genético del sistema nervioso que causa el crecimiento de tumores no cancerígenos a lo largo de los nervios y que también pueden provocar anomalías en la piel y en los huesos. También se le llegó a detectar elefantiasis, una enfermedad tropical causada por un gusano que deforma gravemente el cuerpo humano.
Fue recién en 1979 cuando se identificó el "Síndrome de Proteus", que se ajustó de manera precisa a los síntomas que tuvo Merrick. En el 2003, análisis de ADN, que fueron obtenidos de pelos y huesos del "hombre elefante" dieron la información. Esos restos aún se conservan en el museo del Hospital de Londres.
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Los huesos de Joseph Merrick están en el Hospital de Londres, donde analizaron detalladamente el origen de su patología.
Sobre los comienzos con su enfermedad, Merrick llegó a escribir en su autobiografía: "No se notaba mucho cuando nací, pero comenzó a desarrollarse a los 5 años. Fui a la escuela como cualquier niño hasta que tuve 11 ó 12 años, cuando me ocurrió el más grande infortunio de mi vida". Ese hecho que lo marcó fue la muerte de su madre, cuando empezó a sentirse solo.
Su padre volvió a casarse y ahí empezaron más problemas para Merrick. La mujer de su padre nunca lo terminó de aceptar; siempre lo atormentó y lo humilló. Por esos motivos, llegó hasta fugarse de la casa.
Su primer empleo
A los 13 años consiguió un empleo en una fábrica de cigarrillos. Sin embargo, su mano derecha se hizo tan pero tan grande y pesada, que se le hizo imposible manipular los cigarrillos y tuvo que abandonar ese trabajo.
Cuando Merrick caminaba por la calle, una multitud lo seguía para mirarlo. Eso sí, nadie quería tocarlo. El hombre, ya cansado de esa trágica situación, decidió internarse en el hospital de Leicester, donde estuvo alojado por casi tres años. Ahí hasta llegaron a extirpar una extraña protuberancia de su labio superior y su nariz.
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Joseph Merrick pasó sus últimos años en el Hospital de Londres.
Atracción de circo
Luego de esa estadía en el Hospital, se quedó en la calle y no tenía donde ir a dormir ni a comer. Pero se sabe que el hombre estaba lleno de fortaleza. Un día, una idea la llevó a la acción. ¿Cuál era esa idea? En su pensamiento se alojaba la idea que si todos querían verlo, podrían llegar a pagar por ello. Decidió hablarle a un director de circo, que rápidamente tomó cartas en el asunto y se interesó en la propuesta.
El decía a todo que lo miraba con ignorancia: “Mi cabeza mide ochenta y ocho centímetros de circunferencia y tengo una amplia masa carnosa en la parte de atrás, grande como un tazón. La otra parte parece, digamos, valles y montañas, todos amontonados, mientras que mi cara tiene un aspecto que nadie quisiera describir. Mi mano derecha posee casi el tamaño y la forma de una pata de elefante. El otro brazo y mano no son mayores que los de un niño de diez años, y están algo deformados"
La película
En 1980, el director David Lynch plasmó la historia y la llevó al cine, donde recurrió a su expresión artística para realizar la película "El hombre elefante", le fiel reconstrucción de la historia de Joseph Merrick con algunas licencias, interpretada por los británicos John Hurt, en la piel de Merrick, y Anthony Hopkins, como el médico Treves. Allí se lo muestra a Merrick encerrado en una jaula y en los momentos que sale a caminar, se esconde bajo una bolsa de arpillera que usaba para ocultar su deformidad.
Sus días en el Hospital
Uno de los momentos más preponderantes de su vida fue en 1884. Ese año Frederick Treves, cirujano del Hospital de Londres, estaba muy interesado por las deformidades humanas. El médico había escuchado del caso y se acercó un día para conocerlo e invitarlo al hospital donde quería analizar sus malformaciones.
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El cirujano Frederick Treves se interesó por su caso y estableció una amistad con Joseph Merrick.
En el Hospital, nunca nadie pudo explicar el origen de las terribles deformidades. Fue entonces cuando Merrick fue catalogado como incurable y abandonó el hospital. Pasaron dos años y su situación empeoró. Hubo un día que Treves lo vio triste y prácticamente desnutrido, que se obsesionó con encontrarle un hogar para que pueda vivir en paz. El objetivo no fue fácil, debido que el Hospital de Londres, al igual que todos los hospitales de la época, no ofrecía camas permanentes a los enfermos crónicos o incurables.
Treves recurrió a la prensa y luego a Alexandra, Princesa de Gales y el Duque de Cambridge, quienes accedieron a conocer personalmente a Joseph Merrick. Se le asignó un alojamiento permanente en un ala del hospital donde trabajaba Treves. El hombre elefante ya tenía un lugar fijo para vivir. Pese a tener un hogar, su enfermedad aceleró y llegó a niveles insospechados entre 1888 y 1889. Lo peor fue el crecimiento del cráneo, que se había convertido en una masa deforme y pesada que costaba mantener erguida.
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En 1980, el director David Lynch plasmó la historia y la llevó al cine, donde recurrió a su expresión artística para realizar la película "El hombre elefante".
El 11 de abril de 1890 Merrick, más conocido como el “hombre elefante” falleció a los 27 años como consecuencia de un dislocamiento cervical y asfixia provocada por el peso de su cráneo sobre la tráquea. En la actualidad, todavía se lo recuerda como un verdadero ejemplo de que el interior humano es lo más importante. A pesar de la tristeza que siempre le provocó su condición, jamás se rindió.
Su médico llegó a confesar en sus escritos algo que lo pinta de cuerpo y alma. "Lo que siempre me entristeció de Merrick fue el hecho de que no podía sonreír. Si tenía un motivo de alegría, su rostro permanecía impasible. Podía llorar, pero no podía sonreír".