Ambos emprendieron un descenso de 1.620 escalones hasta la calle. La decisión fue crucial: los empleados que Clark había guiado inicialmente y que optaron por subir nuevamente no sobrevivieron.
Otra historia fue la de Bill Dacunto, que se salvó casi por casualidad. Trabajaba en el piso 88 de la Torre Norte, pero esa mañana había bajado para participar de un desayuno laboral. El restaurante estaba lleno y no pudo sentarse en el lugar habitual, debajo de un techo de cristal. Cuando el primer avión impactó, esa estructura se desplomó. Dacunto logró salir y, desde la calle, presenció el segundo ataque. Años después confesó que sobrevivir le provocó una profunda culpa por la muerte de sus compañeros.
Los relatos de los sobrevivientes cobran más fuerza en las fechas "redondas" de los aniversarios, como este, el número 25. El atentado es imposible de olvidar y, desde entonces, el mundo tiene heridas y situaciones que certifican que desde el 11 de septiembre de 2001, ya nada fue igual a nivel global.
Los sobrevivientes al día que cambió al mundo
Los sobrevivientes del atentado en Nueva York tuvieron segundos para tomar decisiones de segundos de un camino sin retorno. Una mala decisión o permanecer atontado o en estado de "shock" significó la diferencia entre la vida y la muerte para el "puñado " de personas que quedaron atrapadas arriba del piso 81 en donde se estrelló el primer avion.
El 11 de septiembre de 2001 comenzó como una mañana normal en Nueva York. Miles de personas habían llegado a sus trabajos en las Torres Gemelas sin imaginar que, en pocos minutos, sus vidas quedarían atravesadas por una tragedia histórica. Para algunos sobrevivientes, pequeños cambios en la rutina, decisiones tomadas en cuestión de segundos o simples casualidades fueron determinantes para escapar.
Una imagen que recuerda algo que todo el mundo que lo vio recuerda en donde estaba ese día
La primera imagen que permitió comprender lo que sucedió se tomo por parte de unos trabajadores a varias cuadras de distancia. Escucharon un estruendo mientras intentaban abrir el acceso a una alcantarilla o conducto de agua. al levantar la vista, vieron un gigantesco avión de pasajeros estrellarse contra una de las torres. A partir de allí, el infierno se instaló en Nueva York el 11 de septiembre de 2001.
Stanley Praimnath y Brian Clark, dos sobrevivientes en el interior de una de las Torres Gemelas. La tragedia los unió en el piso 81 y lograron bajar a pie antes del colapso del World Trade Center. (Foto: Captura de TV)
Una visita que terminó salvándole la vida
Los momentos que cambiaron al mundo. Una Torre arde mientras otro avión llega convertido en un misil para destruir la otra torre del World Trade Center de Nueva York. (Foto: Archivo)
El chef Michael Lomonaco estaba a punto de comenzar su jornada en Windows on the World, el restaurante ubicado en los pisos superiores de la Torre Norte. Sin embargo, un problema con sus anteojos lo llevó a una óptica ubicada en la planta baja.
Desde allí sintió el impacto y posteriormente vio a algunos de sus compañeros pedir ayuda desde las alturas. La mayoría de quienes trabajaban en el restaurante no logró escapar.
Otro trabajador, Sekou Siby, sobrevivió por un intercambio de días de franco. Había cambiado su jornada libre con un compañero, por lo que esa mañana se encontraba en su casa junto a su esposa embarazada. Casi todo el equipo con el que trabajaba murió en el atentado.
En solo 90 minutos, las dos torres, símbolo de la ciudad de Nueva York, quedaron reducidas a estos escrombros y hierros retorcidos. Panorama apocalíptico. (Foto: Archivo)
La tragedia que se transformó en una misión
Sujo John tenía a su esposa embarazada trabajando en la otra torre cuando comenzó el ataque. Logró escapar después de un largo descenso, pero quedó atrapado entre los escombros cuando se derrumbó la Torre Sur. Horas después pudo reencontrarse con su esposa.
La experiencia modificó completamente su vida. Años más tarde fundó una organización destinada a ayudar a mujeres y niños vulnerables.
Mikaila Cruz, que trabajaba en el piso 95 de la Torre Sur, también consiguió salir utilizando uno de los últimos ascensores disponibles antes del segundo impacto. Después caminó decenas de cuadras para alejarse de la zona.
Veinticinco años después, todos estos relatos muestran una misma dimensión del 11-S: detrás de las cifras de muertos hubo personas que sobrevivieron por decisiones mínimas, encuentros fortuitos o circunstancias imposibles de prever. Para muchos, escapar no significó dejar atrás la tragedia, sino comenzar una vida marcada para siempre por la pregunta de por qué ellos lograron salir cuando tantos otros no pudieron.