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Mataron a su familia, fue secuestrada por una tribu y la tatuaron con una marca indeleble: el infierno que vivió Olive Oatman

Con solo 13 años, Olive fue testigo de cómo unos nativos masacraron a su familia. La secuestraron y vivió en cautiverio durante cinco años. Una vez rescatada, se dedicó a contar la salvaje experiencia y lo que aprendió de las tribus indígenas.
05 de octubre de 2021 - 12:51
Mataron a su familia, fue secuestrada por una tribu y la tatuaron con una marca indeleble: el infierno que vivió Olive Oatman

Retrato de Olive Oatman.

Olive Oatman tenía 13 años cuando fue capturada junto a su hermana menor por una tribu de indígenas. Ocurrió en el desierto de Arizona, en Estados Unidos, en 1851, y marcó para siempre una historia de masacre y terror, de las más conocidas por los habitantes de Arizona.

Olive pudo sobrevivir al feroz ataque en el que murió gran parte de su familia. Ella vio todo con sus propios ojos, fue testigo de ver mucha sangre y cómo los cadáveres de su madre y su padre quedaron ahí en el desierto. Después de cinco años en cautiverio, pudo ser rescatada y se convirtió en una de las personas más influyentes de Estados Unidos.

Una historia que dejó marcas en su rostro con las que aprendió a vivir hasta el día de su muerte.

La aventura de los Oatman y un viaje que se convirtió en pesadilla

Olive formaba parte de una familia muy numerosa de inmigrantes mormones. Su padre era el dueño de una tienda ubicada en Nueva York, donde vivía junto con su esposa y sus siete hijos. El papá de Olive estaba obsesionado con brindarle una mejor calidad de vida a su familia y por eso decidió emprender un largo viaje para mudarse a la costa de California.

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Durante su cautiverio, Olive explicó que con su hermana eran fuertemente golpeadas por sus captores.

Era el 9 de agosto de 1850 cuando la familia partió en un peregrinaje junto a un grupo de 50 personas que también habían diagramado otra vida, sin imaginar la pesadilla que le tocaría transitar después. Las familias comenzaron a tener discusiones y, en 1851, tan solo unos meses después de emprender el peregrinaje, los Oatman continuaron su trayecto solos.

El viaje se hizo con caballos y con carruajes de carga, donde llevaban sus pertenencias y víveres para sobrevivir al camino. El itinerario fue cada vez más difícil para la familia y los animales. El sendero que eligieron fue el de la ruta del río Gila, donde se impone un calor extremo, sumado que había pocos lugares para descansar y poder estar a la sombra.

La masacre

El día que cruzaron el río Gila, resultó una difícil misión: los animales quedaron atrapados en una pequeña isla de arena y avanzar fue imposible. Después de ese imprevisto, la familia ya no tenía los recursos básicos para poder alimentarse. Estaban destinados a sobrevivir.

Un numeroso grupo de nativos cruzó por el lugar horas después y se encontró con la familia Oatman. Era la tribu yavapai-apache, quienes vestían pieles de lobo.

Los nativos le pidieron tabaco y una pipa para poder fumar. Su pedido también incluía alimentos. El papá de Olive les explicó que venían viajando desde hacía varios días y que no tenían suficiente comida. “Si les doy a ustedes, les estoy robando a mi familia”, aclaró. Nada conformó a los indígenas, que insistieron.

Demasiado incómodo y preocupado, el padre les dio algo de comer, pero ellos esperaban más. La pesadilla acababa de comenzar: los nativos se reunieron a hablar en una lengua desconocida para los integrantes de la familia Oatman.

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El lugar de Arizona que recuerda la masacre de la familia Oatman.

“Los indígenas saltaban por los aires, gritando y venían hacia nosotros blandiendo sus garrotes de guerra, con los que nos golpeaban”, recordó Lorenzo, el hijo de 15 años. Para sobrevivir a la masacre, fingió estar muerto.

Además del testimonio de Lorenzo, la masacre también quedó registrada en la memoria de Olive. “Vi a mi padre luchar, sangrar y gemir de la forma más lamentable. Vi a Lorenzo con la cara contra el suelo y la cabeza llena de sangre, mientras de sus orejas también escurría el líquido. Vi a mi madre, con mi hermano más pequeño abrazado, ambos tiesos, como si la muerte ya los hubiera alcanzado. Luego, vi a Mary Ann, mi hermana menor, cubriéndose la cara con las manos. El resto estaba inmóvil, muriéndose o muertos. Un escalofrío congelado me invadió, mis pensamientos comenzaron a tambalearse y me hundí en la tierra”, explicó años después.

Olive pidió que la maten pero los indígenas tenían otros planes para ella. Decidieron tenerla en cautiverio con su hermana Mary, de 7 años.

Según detalló el medio The New York Tribune, Lorenzo logró caminar hasta una ciudad cercana y pedir ayuda para auxiliar a su familia. Sin embargo, cuando las autoridades llegaron al lugar se encontraron con la desgarradora escena: nadie había sobrevivido a la masacre. Todos los cuerpos fueron encontrados, excepto los de Olive y Mary Ann.

El cautiverio

Cuando las hermanas Oatman fueron raptadas, las obligaron a ir detrás de ellos. Según estudios realizados con las declaraciones de Olive, se estima que caminaron más de 400 kilómetros, en un periplo que duró tres días. Olive dijo que eran fuertemente golpeadas o pinchadas por sus captores. No podían llorar, no podían quejarse ni dejar de caminar.

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Olive fue tatuada en el rostro.

Cuando llegaron al campamento indígena, fueron tratadas como una especie de esclavas. El primer día las recibieron con cantos y bailes. Eso las relajó y les llamó la atención. Con la tribu yavapai-apache convivieron un año. Siempre fueron golpeadas y obligadas a llevar leña, cuidar el fuego y recolectar semillas. Las dos pasaron mucha hambre, ya que el alimento era escaso y a las hermanas les ofrecían el mínimo de comida.

Un año más tarde, en marzo de 1852, empezaría otra historia. Su experiencia con la primera tribu estaba terminando. Las dos fueron vendidas a los mojaves, otra comunidad indígena que vivía a unos 482 kilómetros de distancia. Fueron llevadas a la aldea que estaba ubicada cerca del río Colorado. Las obligaron a caminar a un ritmo rápido y sin comida. Al llegar, fueron tatuadas en el rostro, al igual que las demás mujeres de la tribu.

“Nos arrancaron la piel en filas pequeñas y regulares de la barbilla con un palo muy afilado hasta que empezamos a sangrar abundantemente. Luego echaron los mismos palos en el jugo de cierta hierba que crecía en las orillas del río, y después en el polvo de una piedra azul que se encontraba en el lecho de un arroyo. Este polvo fue pinchado en las partes de la cara que estaban laceradas”, llegó a comentar Olive.

Aunque la nueva tribu estaba cerca de un valle fértil, ese año hubo escasez de lluvias, por lo que las menores sobrevivían comiendo semillas de una planta de mezquite. La menor de las hermanas no pudo aguantarlo más y se debilitó tanto que falleció.

Olive contó que ella estuvo con su hermana hasta el último momento y dijo que sostuvo a su hermana mientras le cantaba algunas canciones religiosas de la época. Según narró Olive, la escena conmovió a los miembros de la tribu, que estuvieron presentes y acompañaron a la hermana mayor en su duelo.

Cómo fue el rescate y la vida de Olive

Mientras Olive luchaba por sobrevivir, Lorenzo Oatman, su hermano y único sobreviviente, comenzó una búsqueda exhaustiva de las únicas familiares que sabía que estaban con vida. Fueron años sin hallazgos, hasta que el 22 de febrero de 1856, el Comandante de Fort Yuma, envió a un emisario para rastrear a Olive Oatman hasta la aldea de los mojave y logró dar con la joven.

El emisario llegó al campamento y dio un aviso contundente: debían entregar a Olive de inmediato o una tropa del ejército estadounidense los atacaría. Los indígenas tardaron tres días en decidir pero devolvieron a Olive con su hermano Lorenzo.

Según investigaciones realizadas por el Museo de Historia de las Mujeres de Estados Unidos, Olive llegó a adaptarse de manera sorprendente a la vida con los mojaves. Además, afirmaron que casi olvida hablar inglés, su idioma natal. Un año más tarde, Olive quiso compartir su historia y no quedar en el anonimato. Así llegó al reverendo Royal B. Stratton, quien escribió la experiencia en un libro llamado "La vida entre los indios: el cautiverio de las chicas Oatman", publicado en 1857.

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Olive Oatman explicó todo su cautiverio al reverendo Royal B. Stratton, que escribió un libro lleno detalles sobre esas experiencias vividas.

En 1858, Olive, su hermano Lorenzo y Stratton se mudaron a Nueva York, la ciudad que eligieron para comenzaron las conferencias en las que Olive contaba su desgarradora y asombrosa historia. Además, la Universidad de Ohio detalló que aquellas ocasiones eran únicas: la joven mostraba su rostro y no lo cubría con velos, como hacía usualmente.

En todos esos años se encargó de desmentir varios rumores, como que estuvo casada con algún indígena o que había sido abusada sexualmente. Lo que más impactaba era el comportamiento. Aquellos que siempre la escuchaban dicen que siempre se mostraba en paz con lo sucedido. Sin embargo, con el paso de los años, dejó de contar la historia con optimismo y sin emoción.

Así transcurrió la vida de Olive, la persona que dedicó a dar charlas sobre su historia y a contar las verdaderas tradiciones de las tribus indígenas. Se casó en 1865 y vivió en Texas, hasta que murió en 1903, a los 65 años. Su historia marcó un legado en Estados Unidos. Como homenaje, hay dos pueblos, una llanura, una montaña y una estación de tren que lleva el nombre de Olive Oatman.

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