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El mundo post pandemia: un escenario sin ganadores y con cambios difíciles de anticipar

por Luis Rosales | 22 de abril de 2020 - 18:23
El mundo post pandemia: un escenario sin ganadores y con cambios difíciles de anticipar

En Gran Bretaña aseguran que ya pasaron el pico de contagios de la variante Ómicron (Foto: Archivo)

Siempre que llovió paró. No hay mal que dure cien años. Y así, puede seguir la lista de adagios populares. En más o menos tiempo, seguramente la humanidad saldrá de esta encerrona. Una situación irresponsablemente imprevista por los gobiernos y las organizaciones internacionales vinculadas a la salud pero que está castigando al mundo entero.

Cuando la inmunidad del rebaño se haya alcanzado, algún avance terapéutico muy eficaz haya sido probado o la tan deseada vacuna sea descubierta, estaremos dando la vuelta a esta página dramática de nuestra historia.

Hay muchos filósofos y cientistas sociales que predicen grandes cambios post pandemia. En costumbres y hábitos probablemente estén en lo cierto. En cuestiones más profundas, creencias, individualismo, es todavía muy prematuro para poder afirmarlo.

Pero sin dudas el año en que vivimos en peligro, el 2020, dejará grandes huellas en diferentes aspectos del ordenamiento internacional.

En materia geopolítica nada está dicho aún. La pulseada enorme que protagonizan China y los EE.UU. no está resuelta. En medio de la novela resultaría muy difícil spoilear el final. Tal vez se pasen facturas al gigante asiático sobre el origen de la pandemia y su posible ocultamiento de información vital al comienzo.

Pero también puede darse el escenario en el que el régimen chino se muestre como modelo a seguir en el manejo de crisis, ni que hablar si la primera vacuna surge de alguno de sus laboratorios.

El comercio internacional quedará muy castigado y habrá que ver si los vientos anti globalización no prenden con fuerza después que el miedo haya pasado, prolongando la vigencia de las medidas y tendencias nacionalistas y proteccionistas aplicadas por prácticamente todo el mundo durante la crisis.

En ese esquema no habría ganadores, serían todos perdedores, teniendo en cuenta el muy profundo nivel de interrelación existente desde hace tiempo entre los países, además de la muy alta dependencia de las principales economías del planeta al comercio exterior.

Otro plano complicado lo presenta la calidad institucional. Este avance enorme de los gobiernos por sobre las libertades individuales, para muchos justificado en la urgencia de la salud pública, debería revertirse totalmente en cuanto se avente el peligro.

Eso está prácticamente asegurado en las sociedades con sólidas instituciones democráticas y republicanas, no así en numerosos países en dónde costará mucho que sus engolosinados gobernantes cedan estos poderes especiales.

Pero más allá de cualquier considerando, a esta generación le toca vivir un tiempo excepcional. Como tantas veces vimos en series y películas, una tragedia que afecta al mundo entero, que es enfrentada por presidentes en diferentes capitales, que es transmitida en vivo en distintos idiomas, que motiva pedidos y plegarias de los líderes religiosos, que se ensaña con Nueva York (infaltable) pero que lamentablemente no podemos pausar ni mucho menos cambiar a una más sensiblera o divertida.

Esperemos que como tantas otras en en el cine, en la tele o ahora en Netflix, ésta también tenga un final feliz.

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