Según denunció personal ecuatoriano, Assange no era un huésped fácil de llevar sino bastante excéntrico: rallaba los pisos con su patineta, le gustaba jugar al fútbol adentro y también descuidaba bastante su higiene. Aparentemente era un fanático de la seguridad y permanentemente abría las canillas del edificio para que no pudieran escuchar sus conversaciones. Esto, denuncian, requirió varios arreglos y hasta que traigan un fontanero de confianza desde España.