La zona combina paredes de coral, corredores estrechos, cámaras oscuras y fuertes corrientes marinas. A esa profundidad ya no llega luz natural suficiente y la orientación depende completamente de equipos técnicos, linternas y cables guía. Los expertos explican que basta perder visibilidad por sedimentos o desorientarse unos segundos para no encontrar nuevamente la salida.
Justamente, una de las más experimentadas, Monica Montefalcone, conocía a la perfección el lugar y sus riesgos. Además, era miembro activo de las iniciativas de Greenpeace para los proyectos de "Mare Caldo" (mar caliente) para la protección ante el cambio climático.
La Organización Greenpeace escribió esta nota de pesar: "Expresamos nuestro más profundo pesar por la trágica desaparición de Monica Montefalcone, investigadora del DISTAV de la @UniGenova, de su hija Giorgia Sommacal y de las otras personas fallecidas ayer durante una inmersión en las Maldivas".
"Con Monica Montefalcone fundamos el proyecto Mare Caldo involucrando a una amplia red de áreas marinas protegidas, dimos inicio al proyecto AMPower y compartimos tantas inmersiones, entrevistas y reflexiones sobre el mar. Nos harán muchísima falta su profesionalidad y sus consejos. Y esa luz especial que tenía en los ojos cuando hablaba de las maravillas del mar y de la importancia de protegerlas. Gracias, Monica, serás para siempre una guerrera del arcoíris".
Hasta el momento sólo uno de los cuerpos pudo ser rescatado.
¿Exceso de confianza o un factor inesperado para las muertes?
Las cuevas submarinas del atolón Vaavu, en las Maldivas, son consideradas uno de los entornos más extremos y peligrosos para el buceo técnico. Se trata de laberintos naturales formados dentro de arrecifes coralinos, con túneles angostos, cámaras sumergidas y pasadizos que descienden decenas de metros bajo el océano Índico.
A diferencia de una inmersión recreativa convencional, estas cavernas tienen sectores completamente oscuros donde no entra luz natural. Los buzos avanzan guiándose únicamente por linternas especiales y líneas de seguridad colocadas previamente. En algunos tramos, el espacio es tan estrecho que apenas permite el paso de una persona con tanque de oxígeno.
El principal peligro es la desorientación. Una mínima nube de sedimentos levantada por las aletas puede volver el agua totalmente turbia en segundos y hacer desaparecer la salida. En esas condiciones, perder el rumbo puede resultar fatal.
Además, las cuevas del atolón presentan fuertes corrientes internas y cambios bruscos de profundidad. A más de 50 metros bajo el agua, el cuerpo humano queda expuesto a riesgos como narcosis por nitrógeno, hipoxia y fallas en la descompresión.
Otro factor crítico es que los submarinistas no pueden subir directamente a la superficie, porque el techo de coral se los impide. Deben recorrer nuevamente todo el túnel para salir, incluso en una emergencia. Por eso el “cave diving” es considerado una de las disciplinas más riesgosas del mundo submarino.
En este caso nada se desatiende por el momento. Se puede haber producido un problema con los tanques de oxígeno, la marea pudo haber cambiado y a 50 metros de profundidad se les planteó como una trampa sin solución. O se pueden haber perdido o desorientado por la combinación de estos factores.
Lo que más llama la atención es que varios de los submarinistas italianos eran más que esperimentados. En el caso de la mujer, Monica Montefalcone, su esposo no logra encontrar una respuesta válida aún. En el descenso estaba su hija, quien también murió. Además, contpo que para Mónica, ese atolón en particular y las Maldivas en general era como estar en su segunda casa. Sabía los vericuetos y problemas de memoria. Tan enamorada estaba del lugar, que fue allí en donde se casaron.
La búsqueda seguirá en la mañana del sábado. Con la recuperación de los cuerpos y los equipos, más los exámenes científicos de rigor, seguramente comprenderán como se desarrolló la tragedia que costó estas cinco vidas que enluta a Italia.