Es muy joven, se graduó con honores en la universidad de Rosario y trabaja en una de las mejores universidades de Brasil y de América Latina. Enfrenta un proceso de investigación acusada de manipular material biológico muy sensible

Quién es Soledad Palometa Miller, la científica argentina involucrada en un escándalo sanitario y científico en Brasil. (foto: A24.com)
Trabajaba como científica y profesora en la Universidad de Campinas, en Brasil. Pero ese día la detuvieron y la acusaron de manipular y robar o apoderarse de material biológico. Parte del cual, habría destruido. Un material considerado biológicamente como peligroso. En el grado 2 o 3 en una escala de 4. Es decir, estimado como de alta peligrosidad para un individuo, pero bajo para la comunidad. Una persona puede enfermarse, pero es difícil que contagie a otros.
Desde entonces, está bajo proceso judicial en Brasil, pero con una libertad transitoria. Es una científica y profesional argentina que vive otro escándalo, por razones muy diferentes al reciente caso de la abogada Agostina Páez, jugada por racismo.
Soledad Palameta Miller, de 36 años, es una científica rosarina especializada en biotecnología, virología y desarrollo de vacunas, que quedó en el centro de una investigación judicial en Brasil tras la desaparición de material biológico de un laboratorio de alta seguridad de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), en el estado de San Pablo.
Es una Universidad que quedó en el segundo lugar en América Latina en un ranking internacional dada a conocer hace pocos días. Eso habla de su idoneidad y capacidad profesional como científica. Por eso, hay que prestar especial atención al descargo realizado ante la justicia brasileña.
Su nombre empezó a circular con fuerza en las últimas horas no solo por la gravedad del caso, sino también por su perfil académico: se formó como licenciada en Biotecnología en la Universidad Nacional de Rosario y luego construyó buena parte de su carrera en Brasil, donde obtuvo un doctorado en ciencias. Además, en ese campo concreto de la actividad científica, se consolidó en áreas vinculadas a la investigación aplicada, la vigilancia epidemiológica y el trabajo con virus.
Ella es Licenciada en Biotecnología por la Universidad Nacional de Rosario en 2013 y recibió el doctorado en ciencias otorgado por la Universidad Estatal de Campinas en 2019.
En la estructura académica de la Unicamp, Palameta Miller se desempeñaba como docente, investigadora y coordinadora del área afectada dentro del Instituto de Biología. Distintos medios brasileños y argentinos la describen como una profesional con trayectoria en proyectos ligados a terapias, plataformas biotecnológicas y estudios de laboratorio de alta complejidad. Esa carrera, sin embargo, quedó abruptamente bajo sospecha a partir de un episodio que encendió alarmas de bioseguridad en uno de los campus universitarios más prestigiosos de Brasil. Este hecho es lo que más llama la atención: una alta profesional, reconocida, de trabajo destacado en una de las mejores universidades de América Latina. ¿Por qué haría lo que se le acusa? ¿Hay otra explicación?
La causa gira alrededor de la desaparición de muestras biológicas almacenadas en un laboratorio de nivel de bioseguridad 3 (BSL-3), un entorno diseñado para trabajar con agentes infecciosos de riesgo elevado. Según la reconstrucción difundida por la prensa local, el faltante fue detectado a mediados de febrero y luego derivó en una pesquisa de la Policía Federal brasileña.
Bastante más atrás en la historia, y antes de que su nombre quedara expuesto públicamente, Palameta Miller también había desarrollado actividad por fuera del laboratorio estrictamente universitario, vinculada a proyectos biotecnológicos y emprendimientos del sector. Precisamente, ese dato fue clave en la investigación. ¿Es posible que se llevara esos cultivos de la universidad a otros laboratorios?¿Había descartado varios de esos cultivos?¿ Por qué? Esas preguntas surgen porque se encontraron en el interior de tachos de basura a punto de ser eliminados. El faltante de material en la Unicamp, se relacionó con posibles usos, circulación o manipulación no autorizada de agentes biológicos.
Hasta el momento de su detención se desempeñaba como profesora en la Facultad de Ingeniería en Alimentos y trabajaba con la investigadora Clarice Arns. También, es cofundadora de una empresa especializada en al desarrollo de virus transgénicos. También esta sospechado su esposo, Michael Edward Miller, científico y exalumno de Arns. Ambos, son socios en una startup que se especializa en el uso de técnicas microbiológicas para mejorar la producción agrícola, llamada Agrotrix y fundada en mayo de 2025. La empresa surgió de un programa de incubación de virus de la propia universidad y está ubicada en un parque tecnológico dentro del campus de la Universidad de Campinas.
Según la hipótesis de la Policía Federal de Brasil, habría existido una extracción o manejo irregular de material biológico sensible dentro de la Unicamp. Entre las muestras mencionadas en la cobertura periodística figuran cepas virales vinculadas a la gripe A, como H1N1 y H3N2, además de otros agentes almacenados bajo estrictos protocolos de seguridad. Ella publicó en sus antecedentes en Linkedin que estaba trabajando con esos agentes. El tema es que encontraron algunos de los cultivos en otro laboratorio y a punto de ser descartados. Soledad Palameta Miller dijo que tenía autorización para hacer eso, porque en su sitio de trabajo no tenía el lugar necesario para determinados estudios y almacenamiento de los cultivos.
Palameta Miller fue detenida inicialmente y luego liberada por orden judicial, pero continúa bajo investigación. La prensa argentina y brasileña informó que la causa incluye acusaciones o líneas de pesquisa por hurto agravado, fraude procesal y transporte ilegal o irregular de organismos genéticamente modificados o material biológico.
Su entorno negó las acusaciones y sostiene que la científica fue perjudicada o señalada de manera injusta, mientras la causa sigue abierta. Algunos también apuntan a una disputa con Arns, por haber tenido puntos de vista irreconciliables y razones propias de la competencia y el celo de los investigadores.
Según el expediente, durante los operativos la Policía encontró una gran cantidad de frascos descartados en un cesto de basura dentro del Laboratorio de Cultivo de Células. Esos materiales fueron identificados como parte del acervo que había desaparecido en febrero del Laboratorio de Virología Animal del Instituto de Biología.
El documento judicial también indica que en el Laboratorio de Enfermedades Tropicales, dentro del mismo instituto, se halló material cerca de una heladera que ya había pasado por autoclave y estaba listo para su “descarte definitivo”. Parte del material sustraído también habría sido localizado en freezers y cestos de basura, incluso después de haber sido manipulado.
La defensa, encabezada por el abogado Pedro de Mattos Russo, negó que haya existido un robo. Según sostuvo ante Folha, la investigadora utilizaba la estructura del Instituto de Biología porque no contaba con laboratorio propio.
Por ahora, el caso combina tres elementos de alto impacto público: una investigadora argentina, un laboratorio de máxima seguridad y la sospecha de manipulación indebida de virus, un combo que convirtió una investigación técnica en un escándalo regional.