¿Revancha de la naturaleza? La isla olvidada del Atlántico que renació pese a las cabras
Una isla estuvo seriamente afectada por el capricho del ser humano. Introdujo una especie animal, que por no tener depredadores afectó al medio ambiente. Ahora, otra intervención polémica del hombre intenta revertir el daño causado durante 30 años.
Una cabra, el animal que causó un desastre ecológico por la imprevisión del ser humano. (Foto: A24.com)
Un rincón remoto del Océano Atlántico que pasó siglos al borde del colapso ecológico. Hoy vive uno de los ejemplos más impresionantes de recuperación ambiental sin intervención humana directa. El hombre llevó hasta una isla a una población de cabras. Crecieron y se multiplicaron en ese "paraíso" ya que no tenían depredadores naturales. Pero se convirtieron en una plaga y un agente desestabilizador del medioambiente. A punto tal, que se transformaron en un riesgo para la ecología del lugar.
La solución fue controvertida en su momento. Pero 30 años más tarde, la isla recuperó su atractivo propio, dejó de estar en emergencia desde una mirada conservacionista de la naturaleza y las cabras, que ya no están ahí, por supuesto que no han desaparecido.
La Isla da Trindade, es ahora un territorio que acaba de ganar atención internacional tras publicarse en medios y en revistas especializadas en ecología. Por el cambio negativo que sufrió hace muchos años. Necesito tiempo y un buen plan para recuperarse. Y 30 años más tarde, renació, con un verde esmeralda de su vegetación que había perdido casi para siempre. El agua con las olas llega a la playa y besa en la marea alta a la hierba recuperada. Aunque ya no estén las cabras para ver ese fenómeno.
isla trinidad
La isla Trinidad, devastada por las cabras llevadas por el hombre sin cuidado alguno por el medioambiente. (Foto: A24.com)
Del paraíso al desastre: un territorio único recuperado del daño causado por el hombre
Se llama Trinidad y es una isla oceánica brasileña situada a unos 1 100–1 180 km al este de la costa del estado de Espírito Santo. El hombre llevó cabras hace 300 años, como parte del "acompañamiento" para proveerse de leche, comida y abrigo. Pero tuvo un daño colateral enorme. Las cabras se alimentan - como todo el mundo sabe - de pasto. Como en "Trinidade" (su nombre en portugués) no había depredadores naturales, las cabras se multiplicaron sin problemas. Y tantas, libres, se comieron literalmente casi todo el pasto de la isla. Lo devastaron y luego de 3 siglos, solo el 5% de la superficie de la isla tenía pasto de cualquier tipo.
Hace 30 años se puso en marcha un plan, que también despertó controversias, para recuperar la vegetación autóctona. Y dio resultado.
El hombre puso a las cabras... y también las sacó
Trinidad ha recuperado gran parte de su vegetación nativa luego de décadas de devastación causada por cabras introducidas hace más de 300 años, según un estudio que tomó una drástica decisión hace 3 décadas. La historia de Trinidad es, antes que nada, la historia de un error ecológico clásico: la introducción de especies invasoras.
Con el tiempo, la isla, que alguna vez estuvo cubierta por bosques nativos incluyendo especies ahora raras o endémicas, se degradó drásticamente. La vegetación cayó a mínimos históricos, la erosión se aceleró y muchas especies nativas quedaron al borde de la extinción.
Además de afectar las plantas, la presencia de cabras impactó negativamente en la fauna local: la alteración del hábitat complicó la supervivencia de aves marinas que dependían de la vegetación para anidar.
A inicios del siglo XXI, tras décadas de advertencias de científicos y biólogos, se implementó en la isla un programa de erradicación de cabras ferales coordinado por la Marinha do Brasil y grupos de investigación del Museo Nacional de la Universidad Federal de Río de Janeiro.
El plan implicó décadas de esfuerzo terreno en condiciones extremadamente difíciles. Las cabras, adaptadas al paisaje accidentado y sin predadores, resistieron con gran tenacidad. Sin embargo, tras años de campañas combinadas de monitoreo, caza dirigida y seguimiento, la población fue eliminada por completo alrededor de 2005.
Con la retirada definitiva de las cabras, se dio inicio a una transición profunda en la dinámica ecológica de la isla que, hasta entonces, parecía imposible.
El milagro verde: números que asombran
Los datos de los últimos años muestran cifras contundentes: entre 1994 y 2024, la cobertura forestal de la isla creció un 1.468 %, con un aumento de más de 65 hectáreas de bosque; y las áreas de pastizales nativos crecieron más de un 319 %.
Este crecimiento no fue impulsado por reforestación humana, sino que la naturaleza recobró terreno por sí sola. Factores climáticos, como periodos de lluvia más generosos tras la eliminación de las cabras, facilitaron que árboles, helechos gigantes endémicos y otras especies nativas pudieran regenerarse a un ritmo extraordinario.
Especialistas destacan que, aunque las condiciones climáticas y la eliminación del herbívoro fueron claves, el proceso de recuperación no depende solo de la ausencia de cabras, sino de una combinación de factores ecológicos y ambientales que han permitido que la vegetación resurja.
con y sin vegetación
El hombre introdujo las cabras en la isla Trinidad en Brasil. Casi eliminaron por completo a la hierba autóctona. Retiraron a las cabras y en 30 años, se recuperó el color esmeralda para la isla. (Foto: A24.com)
Una isla laboratorio: investigación y soberanía
Más allá del impacto ambiental, Trindad cumple hoy un papel dual: como laboratorio natural para estudiar procesos de restauración ecológica en ambientes insulares frágiles, y como pieza estratégica del territorio brasileño.
Solo un puñado de militares de la Marina y científicos tienen acceso regular a la isla, que sirve como puesto oceanográfico y de investigación. La presencia militar se justifica no solo por la logística del apoyo científico, sino porque, desde el punto de vista geopolítico, el control efectivo del archipiélago fortalece los derechos del país sobre su Zona Económica Exclusiva en el Atlántico Sur.
Cada expedición a Trinidad lleva consigo meses de preparación y un fuerte componente de investigación científica. Las condiciones remotas y la dificultad de acceso, ya que no existen aeropuertos ni puertos equipados y los barcos deben acercarse a la costa para luego usar embarcaciones menores, convierten a la isla en un verdadero desafío logístico.
La historia de Trinidad ofrece lecciones valiosas en un momento en que los ecosistemas de todo el mundo enfrentan amenazas similares, desde especies invasoras hasta cambios climáticos acelerados.
Primero, demuestra que la restauración ecológica es posible incluso en escenarios muy degradados si se aborda el problema de raíz, eliminando las causas fundamentales de la degradación.
Segundo, subraya la importancia de la investigación científica continua: solamente gracias al monitoreo con imágenes satelitales, datos de campo y estudios longitudinales se puede comprender con precisión cómo cambian los ecosistemas a lo largo del tiempo.
Finalmente, Trinidad recuerda que, en un mundo donde la intervención humana a menudo destruye, también puede dejar espacio para que la naturaleza se regenere por sí misma cuando se eliminan las presiones más dañinas.
Hoy, mientras la vegetación cubre nuevamente colinas que durante generaciones estuvieron peladas, la Isla de Trinidad no es solo un caso de éxito ecológico: es un símbolo de esperanza en tiempos de crisis ambiental global. Siempre y cuando el hombre tome las decisiones acertadas.