En síntesis: se agota el tiempo para una solución diferente, casi mágica, que postergue o anule el Brexit que complica a Europa desde hace más de 3 años.
El referéndum del 23 de junio de 2016 dividió al país, literalmente. Mientras el 51.9% voto a favor del Brexit, el 48,1% rechazó la desconexión de Europa.
La compleja trama por desenmarañar no hizo más que complicar a políticos, empresas y ciudadanos. Compañías inglesas dejaron Londres, ciudadanos británicos pidieron a países europeos una nueva nacionalidad. Y la crisis política le costó el puesto de primera ministra a Theresa May.
Ahora su sucesor, Boris Johnson,jugó a fondo. El parlamento inglés tendrá solo los primeros días de septiembre para votar alguna iniciativa que vuelva a posponer la salida, más allá del 31 de octubre.
Jeremy Corbin, el líder de la oposición laborista, dijo que el pedido de Johnson a la Reina es “un ultraje y una amenaza a nuestra democracia”. La oposición tiene dos caminos extremos: encontrar en pocos días una medida dilatoria al Brexit o ir a fondo y pedir a la Reina que no cumpla el pedido de cerrar el parlamento. De continuar sesionando, podría prosperar un voto de censura contra el actual primer ministro.
Por las dudas, hay cosas que no admiten más demoras. ¿Cómo instrumentar fronteras bien visibles y firmes entre la pequeña Irlanda del norte (parte del Reino Unido) y la República de Irlanda, que continuará plenamente en la Unión Europea?
Otro parlamentario opositor, John Mc Donnell dijo con la flema que los caracteriza: “No tengan dudas. Se trata de un golpe muy british”.
El "sí" de la reina le da más espaldas a Johnson. Su plan es que, finalmente el Brexit deje fuera de la Comunidad Europea a Gran Bretaña el 31 de octubre. Un abandono desordenado, precisamente, en la noche de Halloween.