El horror hace que destruyan todo rastro de que alguna vez fueron estudiantes. Kabul, la capital de Afganistán, se ha convertido en un sitio de guerra y en un cementerio de libros.
El horror hace que destruyan todo rastro de que alguna vez fueron estudiantes. Kabul, la capital de Afganistán, se ha convertido en un sitio de guerra y en un cementerio de libros.
Los talibanes patrullan las calles con sus ametralladores y fusiles, como si el terror de su presencia no fuera suficiente. Dan vueltas en camionetas, miran a todos lados, mientras mujeres como Abigail (nombre protegido) se esconden detrás de un burka impuesto a la fuerza.
El testimonio de Abigail, quien escribió y describió en primera persona para la BBC lo que estaba viviendo como mujer en Afganistán es desconcertante. Ella, una estudiante de la minoría hazara, se enfrenta a la peor de las suertes: ellos, los talibanes, saben que ella estudiaba y ahora, con el poder bajo sus armas, ella, Abigail, intenta lo imposible: esconderse.
"Todo, todo lo que soñé, todo por lo que trabajé, mi dignidad, mi orgullo, incluso mi existencia como mujer, mi vida, todo está en peligro. Quién sabe cuánto tiempo les tomará venir y registrar casa por casa y llevarse a las niñas, probablemente para violarlas. Puede que me suicide cuando vengan a mi casa. He estado hablando con mis amigas, esto es lo que todas, todas, estamos planeando hacer", escribe Abigail desde el miedo y la oscuridad en una Afganistán vencida por el terrorismo.
Que es mejor la muerte, que ser tomada por ellos, dice Abigail. Por ellos, los extremistas, los bárbaros, los lapidarios que creen que sobre ellos no hay nadie y bajo ellos todos, pero principalmente, las mujeres.
Ni Abigail ni su familia pensaron que iban a tomar Kabul. Fue todo muy rápido. "Mi vida era normal hasta que tomaron Mazar-i-Sharif (una gran ciudad al noroeste de Kabul, que era un bastión antitalibán). Ese día me di cuenta de que se había terminado. Luego llegaron a Kabul. Hubo algunos disparos y escuchamos que los talibanes estaban en todos los vecindarios. Entonces, nada fue normal"
El terrorismo de los talibanes sorprendió a las tranquilas familias afganas, que estaban seguros que Kabul jamás caería ante el horror. "Toda mi familia se quedó en casa. Las tiendas estaban cerradas, los precios subían cada hora y el tipo de cambio también. Quemé todos mis papeles y documentos universitarios. Quemé todas mis notas de logros y certificados. Lo hice en nuestro balcón. Tengo muchos libros, muchos maravillosos, que estaba leyendo. Los he escondido todos", escribe esta estudiante desesperada. Y su historia es la historia de muchas.
Borró todas sus redes sociales, su rostro no tenía que verse en ningún lado, ni en la nube. No quiere que la encuentren y no sabe cómo huir, los talibanes están por todos lados. Abigail, como miles de mujeres afganas, está viviendo una pesadilla ante los ojos del mundo que solo mira y no reacciona.