Insolito

La Ciudad de los Muertos que habitan los vivos en Egipto

Se trata de una red de tumbas donde algunas personas viven y trabajan entre los muertos.
En la Ciudad de los Muertos

En la Ciudad de los Muertos, las personas viven y trabajan entre los difuntos. 

En el sureste de El Cairo, la capital de Egipto existe una necrópolis árabe en la cual las personas viven entre los muertos. La Ciudad de los Muertos, a la que los habitantes de El Cairo y la mayoría de los egipcios llaman el'arafa (trad. "el cementerio"), se trata de una red de tumbas de 4 millas de largo y estructuras como Mausoleos, donde algunas personas realizan todas sus actividades cotidianas entre los difuntos.

La Necrópolis de El Cairo es el camposanto más concurrido de la megápolis cairota y, si bien es una gran atracción para los turistas, es la sucesión de criptas donde miles de familias han encontrado cobijo. Este árido y hostil paisaje ubicado en los pies de la montaña de Mokattam comenzó a poblarse hace más de 60 años, pero, después de las demoliciones de la renovación urbana y las presiones urbanísticas que ocurrieron en la década de 1950 y la guerra árabe israelí de 1967, el flujo de gente que arribó a este lugar se acrecentó.

"Mi padre vivió en este lugar desde 1945. Yo nací y crecí aquí. La vida en esta zona es buena y difícil al mismo tiempo", contó Sabek, uno de los habitantes de esta peculiar ciudad que reside en un panteón donde descansan los restos de un general del ejército y su esposa.

"Vivo en una de las dos habitaciones que construyeron los dueños de la tumba para alojar por separado a las mujeres y los hombres que venían a visitar al difunto", relató el hombre y añadió: "Muchas veces he pensado en marcharme y buscar otro techo, pero no tengo dinero y mi trabajo depende de permanecer aquí".

Las condiciones de vida en esta necrópolis son muy precarias ya que, en muchos casos, los habitantes deben robarse la luz y el agua de las tumbas en las que viven personas más adineradas porque los recursos escasean. "Los candidatos de las elecciones parlamentarias vinieron y nos prometieron en los mítines que mejorarían nuestra vida. Nos ofrecieron 100 libras y un lote de azúcar y aceite por votarles y luego, tras los comicios, desaparecieron", contó Sabek que decidió quedarse en la ciudad para trabajar pero que envió a su esposa y siete hijos a un pueblo del delta del Nilo para que pudieran tener una mejor calidad de vida, una situación que es muy recurrente en ese lugar.

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