Diario del Mundial

El Mundial desde mi casa: techitos, paraguas y la fragilidad de los cuerpos

El Mundial de Qatar 2022 empezó con un gran partido como Estados Unidos-Gales y la sensación inicial de que será una prueba de resistencia para todos los equipos.
Diego Geddes
por Diego Geddes |
El Mundial desde mi casa: techitos, paraguas y la fragilidad de los cuerpos
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Empezó el Mundial y sin embargo la buena acción del día fue que todas las personas con las que me crucé en la calle respetaron la ley del techito y los paraguas (por si hace falta explicarla, la ley indica que quien va sin paraguas tiene derecho a ir bien pegadito a la pared, y el que tiene paraguas tiene la obligación de dejarle ese lugar; una concesión que se termina de pactar con un cruce de miradas apenas perceptible, como si ese pacto en realidad fuera algo que no debe sellarse en ese cruce de miradas sino que se da naturalmente).

No es descabellado pensar que cuando esa ley no funciona es síntoma inicial de que se empieza a descalibrar toda una sociedad.

Con el Mundial me pasó algo parecido: en mi casa, a partir de hoy, las transmisiones deportivas se adoptaron de manera definitiva, y eso incluye las conferencias de prensa, las previas innecesarias, las notas de color habladas en un inglés de mierda, y por supuesto todos los partidos. “¿Australia-Túnez, también?”. Sí, Australia-Túnez también.

Es casi como la respuesta de un bot. Cierto orden en el mundo. Lo descalibrado en el país (que es mucho) queda para después.

Los primeros partidos del Grupo A y el Grupo B

El fútbol es un deporte que admite las opiniones anticipadas, casi que las deja entrar para después dejarlas en ridículo. Hasta la primera parte de Inglaterra-Irán, leí varios comentarios que decían que Irán era un rival peligroso, ese mismo Irán que había complicado a Argentina hace dos mundiales. Después vino un aluvión de goles al bonito arquero iraní que reemplazó al titular por un impresionante choque que le provocó la fractura de tabique (un tabique de proporciones gigantescas, hay que decirlo).

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Después fue una goleada abrumadora de Inglaterra (que lució una camiseta muy bonita, la verdad sea dicha), a tono con la calidad de su liga. Todavía es muy prematuro para más conclusiones.

De Ecuador y Qatar no hablé demasiado porque no me suelen gustar los partidos inaugurales, sobre todos desde que son protagonizados por el país local, tradición que empezó en Alemania 2006. Suelen ser partidos de bajo nivel, después de ceremonias de inauguración que siempre son agridulces, sobre todo en estos tiempos de queja y denuncia constante. ¿Cómo hacer que una ceremonia de inauguración sea una fiesta con todo lo que se ha dicho sobre Qatar (y le cabe casi a cualquier país organizador)?

Lo mejor de Ecuador Qatar fue la conferencia de Gustavo Alfaro, que en esos momentos se transforma en una cruza entre Marcelo Bielsa y Alejandro Fantino.

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Países Bajos hizo honor a su nuevo nombre: jugó bajísimo, sin una pizca del estilo de sus gloriosos antepasados holandeses.

Sin embargo hizo lo que hay que hacer en el debut: ganar e ir viendo qué onda. Tampoco seremos concluyentes.

El partido del día fue Estados Unidos-Gales, una demostración cabal de lo que representa el mundial, un juego vibrante que tuvo un gran primer tiempo de Estados Unidos y una gran respuesta de Gales para empatarlo. Tuvo el juego y todo lo demás: el clima en la cancha (a propósito, ¿Cuántas latas se perdió de vender Budweiser hoy entre las que no compraron los hinchas ingleses y los galeses?), y un anticipo de algo que será protagonista del Mundial.

Se jugará todo el tiempo que sea necesario para compensar las interrupciones. La exigencia física, el calor y el desgaste pondrán a prueba a los equipos. Será el Mundial de la fragilidad de los cuerpos. Ganará el más fuerte.

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