Rodrigo De Paul fue uno de ellos. De esos 50 nenes que fueron al Monumental a alentar a la Selección y que soñaban con convertirse en una estrella del fútbol. El nuevo ídolo de la Selección Argentina está desde los 3 años corriendo atrás de una pelota en el club Deportivo Belgrano de Sarandí, a tres cuadras de su casa. Ayer, después de convertir el 2-0 ante Uruguay el ex Racing señaló hacia la bandeja más alta del estadio de River: allí estaban los pibes a los que les había cumplido un sueño.









